El Richard Lange de A. Lange & Söhne es uno de los relojes más exquisitamente puros que existen y uno de mis favoritos de entre los relativamente asequibles de la firma germana. Se trata de un reloj en el que priman los valores cronométricos y en función de ellos se descarta todo elemento superfluo, ya sea de índole técnica o estética.

Soñar es saludable y uno de mis sueños relojeros sería ver este Richard Lange con caja de acero. Visualmente sería muy similar a la versión existente en platino y su precio mucho más accesible. El problema es que en este caso el sueño es una quimera, ya que Lange es la única marca del sector (con producción estable y catálogo amplio) que jamás ha manufacturado un reloj que no utilice metales nobles en su caja. Como “mal menor” nos llega el anuncio de una nueva variante con caja de oro blanco, más asequible que la de platino y, en mi opinión, más atractiva y versátil que la versión en oro rosa. Se mantienen inalterables sus perfectos 40,5 milímetros de diámetro y los 10,5 de grosor, lo que junto con el diseño de su esfera le convierten en un reloj cómodo de llevar a la vez que sumamente legible.

La búsqueda de la optimización cronométrica en un reloj mecánico pasa lógicamente por eliminar cualquier complicación adicional que, en mayor o menor grado, pueda afectar la precisión y estabilidad de su mecanismo. El Richard Lange aplica este parámetro al extremo, empezando por utilizar un calibre de carga manual, que comparado con uno de carga automática es más fácil de regular, ya que la curva de entrega de par de fuerza siempre es la misma en un periodo determinado de tiempo.

Con la misma finalidad se renuncia a cualquier complicación adicional a la indicación imprescindible de las horas, minutos y segundos, obviando incluso el fechador. Para ser precisos, hay que constatar que la aguja central de los segundos ya es de por sí una complicación pues, por la naturaleza básica de un reloj mecánico, el eje de dicha aguja se ubica a la altura de las 6 y por tanto se indica mediante un pequeño segundero. De hecho, el Richard Lange es el único reloj de esta firma que recurre a un segundero central y si observamos la imagen del calibre L041.2, veremos un puente adicional que sobresale en el centro, el cual soporta el mecanismo adicional encargado de llevar la aguja de los segundos al centro del reloj.

Parece pues ilógico que precisamente en esta pieza, en la que se busca la máxima simplicidad en arras de la mejor cronometría, se recurra a esta solución técnica. La causa la debemos buscar en otro parámetro muy lógico en este tipo de reloj, que es la legibilidad. De poco sirve un reloj extremadamente preciso si la lectura de sus indicaciones no es óptima, y es evidente que se leen con mucha más facilidad las fracciones de segundo con una aguja central, que recorre un índice con subdivisiones entre las marcas de los segundos, que un pequeño segundero, en el que además de la dificultad de lectura que implica su reducido tamaño, es físicamente imposible aplicar dichas divisiones.

Las soluciones técnicas del calibre L041.2 que emplea este Richard Lange se concentran en dos puntos. El primero es la utilización de un muelle motor de longitud reducida, lo que implica una reserva de marcha menor de lo habitual, de tan solo 38 horas, pero que entrega un par de fuerza más constante a través de todo su recorrido que un muelle de mayor longitud.

El resto del esfuerzo en la optimización de la cronometría se concentra en el órgano regulador. Por una parte se utiliza un volante de inercia variable de grandes dimensiones que se regula mediante unos pesos ubicados en su aro y adicionalmente a través del sistema de “cuello de cisne”, tan habitual en la relojería germana. Este volante oscila gracias a una espiral dotada con una curva terminal patentada por Lange. Hay que remarcar que A. Lange & Söhne fabrica sus propias espirales, lo que le incluye en el selecto y restringido grupo de 3-4 firmas que producen este elemento en el sector de Alta Relojería. La dificultad de producción de esta pieza clave en un reloj mecánico hace que Lange solo las utilice en sus modelos más emblemáticos, como es el caso de este Richard Lange.

Volviendo al tema de la legibilidad, en esta edición boutique realizada en oro blanco, aun se optimiza más con respecto a las variantes anteriores en platino y oro rosa. Mientras los anteriores utilizan agujas en el mismo metal que su caja, esta versión en oro blanco recurre a agujas azuladas, que además de un efecto estético exquisito, ofrecen un contraste superior con el fondo de la esfera. Puede parecer un detalle menor, pero cuando nos referimos a un reloj de tal limpieza y simplicidad en su esfera, cualquier variación en este sentido adquiere una gran relevancia. El resto de elementos de la esfera se mantienen inalterables, salvo que los pequeños números que indican los 15, 30, 45 y 60 minutos (o segundos) son de color azul, en lugar del rojo empleado en la versión de platino. En la imagen superior podréis apreciar la diferencia que implican estos detalles estéticos, entre la versión de platino (izquierda) y el nuevo modelo en oro blanco (derecha).

Como reza el título de este artículo, esta versión en oro blanco es una edición “boutique” lo que implica que solo se podrá adquirir en las boutiques exclusivas Lange, de las cuales en este momento solo hay diez en el mundo, siete de ellas ubicadas en el continente asiático. Las tres restantes son las de Dresde, París y Palm Beach. Por tanto es más que probable que no contéis con una boutique Lange en vuestro país, pero una pieza de este calibre bien merece un viaje o una gestión telefónica previa. La buena noticia es que a pesar de que Lange anuncia que la producción de este reloj será muy reducida, no menciona ninguna limitación en su producción total ni en el tiempo. Por tanto, el mayor inconveniente, precio aparte, será el de inscribirse en la más que probable lista de espera y armarse de paciencia.


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Sobre el Autor

50 años de pasión heredada por la relojería. 10 años transmitiendo mi pasión por internet. Primero fue MundoPanerai, luego Cronomundi, ahora Watch-Test. Unos proyectos que nacieron bajo una idea muy clara que se mantiene en el tiempo: el lector busca opinión de calidad. Y con toda la subjetividad que conlleva, opinión y crítica razonada es lo que pienso seguir ofreciendo.

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