Presentado por primera vez en 2009, el Richard Lange "Pour le Mérite" incorpora una nueva referencia en caja de oro blanco y esfera negra.

Presentado por primera vez en el año 2009, el Richard Lange “Pour le Mérite” contaba hasta ahora con dos versiones, una en caja de oro rojo limitada a 200 unidades y otra en platino limitada a 50 piezas. En este 2016, A. Lange & Söhne nos presenta una nueva referencia en Edición Limitada albergada en una caja que toma el oro blanco como material, combinado con una esfera manufacturada en plata maciza de color negro.

“Pour le Mérite”.

als-richard-lange-pour-le-merite-2016-soldatAunque el significado de estas tres palabras se pueda entender con facilidad, no está de más el conocer el origen y la interpretación de esta expresión en el seno de la manufactura sajona.

El término “Pour le Mérite” tiene su origen en la Orden del Mérito otorgada por primera vez en 1842 al descubridor Alexander von Humboldt y que hoy en día se sigue otorgando a los científicos y artistas más destacados. Si hablamos de las colecciones de Lange, entonces la designación “Pour le Mérite” aparece por primera vez en 1994 y, desde entonces, está reservada a las complicaciones más extraordinarias que la manufactura implementa en sus guardatiempos más selectos (que es mucho decir hablando de A. Lange & Söhne). De este modo, adquiere todo el sentido el considerar estas creaciones como verdaderas Ediciones Especiales. Todas las piezas, cuatro hasta la fecha, que forman parte de este limitado club, sustituyen el sistema más convencional de almacenamiento de energía en el muelle real del barrilete por un mecanismo de cadena y caracol con toda la dificultad que ello implica. El objetivo: garantizar un par de fuerza constante, es decir, la misma amplitud de oscilación del volante durante toda la duración de la marcha. Precisión y exactitud absolutas.

Richard Lange “Pour le Mérite”.

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El Richard Lange “Pour le Mérite” prosigue la tradición de los relojes marinos orientados a la total precisión del cronometraje. El cronómetro de bolsillo, el reloj de las élites científicas, era una pieza realmente rara y ya muy apreciada en su época. La historia de este tipo de guardatiempos en A. Lange & Söhne se remonta hacia 1880, cuando Richard Lange, el hijo mayor del fundador de la empresa y director técnico del negocio familiar, dio nuevos e importantes impulsos a la relojería de precisión. En total se fabricaron cerca de 30 de estos cronómetros. Con el Richard Lange “Pour le Mérite” renació el cronómetro con accionamiento por cadena y caracol como instrumento de cronometraje exclusivo destinado a la muñeca y totalmente centrado en la precisión mecánica. Sin complicaciones suplementarias, se limita a este único objetivo. De extrema importancia resulta la configuración totalmente diáfana de su dial, característica imprescindible en todo guardatiempos cuya principal función sea la precisión cronométrica. No tiene sentido el desarrollar un calibre de extrema precisión si las indicaciones albergadas en la esfera obstaculizan o dificultan su propia legibilidad.

als-richard-lange-pour-le-merite-2016-backComo en las dos piezas anteriores, esta edición “Pour le Mérite”, mantiene la tradición de los cronómetros marinos: tres agujas en oro rodinizado, una para cada una de las informaciones justas y necesarias; horas, minutos y segundos. Al igual que en sus predecesores la caja que lo contiene tiene un diámetro de 40,5 mm con una altura de 10,5 mm. En esta ocasión, se limita la producción de este Richard Lange a 218 unidades. Muchos pensaréis que se trata de un número caprichoso e incluso elegido al azar. Pues no. En Lange todo tiene su explicación. La razón es que este Richard Lange “Pour le Mérite” se presentó durante una convención de distribuidores autorizados de la manufactura celebrada en Dresde, el pasado 22 de septiembre. ¿Y cuántos son los puntos de venta distribuidos por el mundo en los que se puede adquirir uno de los guardatiempos de A. Lange & Söhne? Seguro que ya lo habréis adivinado. Sí. Son exactamente 218.

La esfera de esta edición es de plata maciza en color negro, cuyo contraste con el oro blanco de la caja es realmente exquisito. Cada una de las tres indicaciones básicas de horas, minutos y segundos se encuentra situada en una zona discretamente diferenciada de las demás gracias a los tres estratos del dial. Los índices horarios están ocupados por numerales romanos de generosas dimensiones, en tanto que la lectura de los minutos se realiza sobre una discreta escala transferida en blanco. Resulta realmente excelente el toque que rompe con el blanco y el negro predominantes en el reloj y que encontramos en los pequeños numerales arábigos en rojo para los 15, 30, 45 y 60 minutos.

als-richard-lange-pour-le-merite-2016-movement-detailPero la excelencia mecánica no está reñida con la sobriedad y la elegancia. Es por ello que, conscientemente, Lange renuncia en este guardatiempos – de nuevo y como ya hizo en las ediciones anteriores – a la apertura de una ventana que permita observar el mecanismo de cadena y caracol a través de ella. El exhibir este dispositivo no hubiera hecho más que entorpecer el equilibrio y la legibilidad del reloj. Inaceptable para una manufactura como Lange y para un guardatiempos como este.

Precisamente, hablando de la genialidad mecánica que representa el movimiento que late en el interior del Richard Lange “Pour le Mérite”, sigue siendo como en sus antecesores en cajas de oro rojo y platino el calibre de remonte manual L044.1 que, oscilando a una frecuencia de 21.600 alternancias por hora entrega una reserva de marcha de 36 horas. 31,6 mm de diámetro por 6 mm de altura, es decir, en un volumen aproximado de 0,6 centímetros cúbicos se concentran un total de 279 componentes a los que deben añadirse la indecente cifra de 636 elementos que son los que forman la cadena, capaz de arrastrar un peso de dos kilogramos.

El mecanismo de cadena y caracol.

Si en algo mejora descaradamente el Richard Lange “Pour le Mérite” a la versión de producción convencional del mismo modelo – y sin el más mínimo atisbo de intención de menospreciar al segundo – es la precisión, obtenida gracias al mecanismo de cadena y caracol ya utilizado en el siglo XV por Leonardo da Vinci. Sobre este tipo de accionamiento escribió G.H. Baillie en su obra de referencia “Watchmakers and Clockmakers of the World” que, probablemente, “en la mecánica ningún problema había sido resuelto de una manera tan sencilla y, a la vez, tan perfecta”.

als-richard-lange-pour-le-merite-cadena-y-caracolLa realización de este mecanismo en filigrana – considerando las dimensiones del calibre de un reloj de pulsera – requiere de los más elevados conocimientos y las más altas exigencias en destreza, por lo que hoy se utiliza mucho menos, por ejemplo, que el tourbillon. No obstante, en un reloj de pulsera, es mucho más efectivo. En efecto, suprime el inconveniente de la distensión del muelle y, en consecuencia, la inevitable pérdida del par de fuerzas, utilizando inteligentemente la ley de la palanca.

El accionamiento por cadena y caracol compensa la fuerza que se va perdiendo en el muelle y mantiene constante el par de fuerzas efectivo durante toda la duración de la marcha. Para ello, el accionamiento consta de dos componentes que se hacen cargo de lo que normalmente se responsabiliza solo el barrilete, estos dos componentes son el barrilete y el caracol cónico. En el caso del Richard Lange “Pour le Mérite”, una cadena compuesta por 636 piezas con una longitud total de 24 centímetros, 0,6 mm de alto y 0,3 mm de ancho, une ambos componentes. Uno de los extremos de esta cadena está fijado a la zona de mayor diámetro del caracol (su base) y el otro a la superficie exterior del barrilete. En el cono del caracol va entallada una ranura que, al igual que el camino en espiral que conduce a la cima de una montaña, lleva hasta su parte más estrecha.

als-richard-lange-pour-le-merite-cadena-y-caracol-detalleCuando el reloj tiene toda la cuerda dada, la cadena se desenrolla por la parte exterior del barrilete y se coloca alrededor del caracol hasta que, a modo de símil, ha alcanzado la cima de la montaña. El radio del caracol, es decir la palanca, es pequeño en este punto, el par de fuerzas del muelle por el contrario es grande. Cuanto más se destensa el muelle más pequeña es su fuerza. Sin embargo, al desenrollarse la cadena del caracol, la palanca, es decir el radio del caracol, se va haciendo cada vez mayor exactamente en la misma medida que la fuerza del muelle disminuye. El par de fuerzas en el eje del caracol permanece constante y de este modo la amplitud del volante también permanece constante.

Pero este extraordinario sistema sólo puede funcionar impecablemente si se dan tres condiciones previas:

  • En primer lugar, se necesita un dispositivo que bloquee la cuerda del reloj justo antes de que toda la cuerda esté dada para evitar así que se rompa la cadena. Para ello se utiliza el movimiento vertical de la cadena para accionar un sistema de palanca que bloquea el rochete en el momento oportuno.
  • Adicionalmente, se precisa de un dispositivo que detenga el mecanismo antes de que se haya acabado toda la cuerda. Una rueda de la reserva de marcha, que dirige una palanca de parada, se encarga de esta función. Transcurridas exactamente 36 horas, la palanca cae en una entalladura de la rueda y se desplaza debido a la fuerza del muelle hasta el radio de acción de un dedo especialmente fabricado que se coloca en el árbol de la rueda del segundero y la bloquea al encontrar la palanca. La aguja del segundero se queda en la posición cero.
  • Por último, se necesita una construcción capaz de garantizar que el accionamiento no será interrumpido ni siquiera cuando se le da cuerda al reloj. Un engranaje planetario colocado en el interior del caracol se ocupa de que se mantenga la transmisión de fuerza del caracol al mecanismo en todo momento.

Sobre el Autor

Ingeniero Técnico Industrial, de formación electrónica con pasión por la micro-mecánica. Co-fundador y editor de Watch-Test. En mi trabajo y en la vida tengo una máxima: Las cosas hay que explicarlas de manera que se entiendan. De lo contrario, el esfuerzo es en vano.

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