Cuando valoramos un reloj pueden asaltarnos varias dudas sobre su calidad y precisión, que pueden ser en parte cuantificadas, gracias a las diversas certificaciones existentes en el panorama relojero actual, que acreditan el cumplimiento de los requisitos y parámetros que solicitan cada una de ellas. Estas certificaciones o sellos pueden referirse a la estética, acabados, precisión, fabricación, etc.
Entre los más importantes encontramos el Sello Patek Philippe, el Punzón de Ginebra, la Qualité Fleurier y el COSC. En este artículo nos referiremos exclusivamente a la cronometría y su centro certificador más importante y extendido, el COSC.

Antes de hablar de organizaciones y certificados, debemos empezar por definir qué es un cronómetro. Aunque son múltiples las acepciones que podemos encontrar de este vocablo, lo podemos definir simplemente como aquel reloj de precisión que ha superado las pruebas de cualquier organismo certificador independiente, con sus propias exigencias de precisión. Su significación literal es “medidor de tiempo” y puede aplicarse a multitud de variedades relojeras. No obstante, el objeto de este estudio es su aplicación a los relojes de pulsera.

El término “cronómetro” como tal se originó a principios del siglo XVIII. Nombre como John Harrison, Jeremy Tatcher o John Arnold pronto se hicieron famosos por sus cronómetros de marina. Un siglo más tarde, el XIX, fue escenario de concursos de cronómetros en los Observatorios suizos de Ginebra y Neuchâtel, aunque para los relojes de pulsera los concursos no empezaron hasta medianos del siglo XX. Estos concursos fomentaban nuevos y mejores métodos de fabricación. En ellos, las marcas preparaban a fondo cada pieza, lo cual implicaba un espíritu de perfección constante y de superación respecto al resto de sus competidores. El ganador de cada edición gozaba de una publicidad excelente y extendía su “reconocimiento oficial” al resto de sus creaciones.

Actualmente, se rigen por la norma ISO 3159, que dicta los criterios para el término “cronómetro” detallando el programa de dichas pruebas y los requisitos necesarios para los “chronomètres-bracelet”. Según la norma, el término “cronómetro” se aplica a los relojes de pulsera de precisión, ajustados en diferentes posiciones y para distintas condiciones de uso. El ajuste a dicha definición es homologado por un organismo oficial neutro que, tras evaluar cada movimiento y superar los test, otorgará la certificación oficial del cronómetro. No establece ningún grado de puntuación por superar las pruebas. El test se supera o no. Cualquier país adherido podría homologar centros oficiales para expedirlo, previos los controles exigidos; pero hasta la fecha solo el COSC cuenta con los medios necesarios para prestar regularmente este servicio a la industria relojera.

El Contrôle Officiel des Chronomètres (C.O.S.C.) es un organismo privado independiente, reconocido de utilidad pública no lucrativa, cuya finalidad es acreditar la cronometría de los movimientos que superen satisfactoriamente las pruebas requeridas. A tal efecto, expide los certificados correspondientes (boletín de marcha) referidos a movimientos individuales con el número de serie gravado en puentes o platina. Las peticiones para que un calibre sea objeto de tales pruebas deben provenir siempre del fabricante, nunca de particulares. Actualmente el COSC tiene su sede central en La Chaux-de-Fonds. Consta de tres laboratorios, el más antiguo de los cuales está en Bienne desde 1877. Le siguen en antigüedad el de Ginebra y el de Le Locle. Cada uno de estos tres bureaux está acreditado como SCS (Swiss Calibration Service).
El COSC se fundó en 1973 fruto de la asociación de cinco cantones suizos con gran tradición relojera (Ginebra, Neuchâtel, Berna, Vaud y Solothurn) juntamente con la Federación de la Industria Relojera de Suiza (FHS). Absorbió los laboratorios independientes de cronometría que se habían creado desde el siglo XIX. Dispone de un Reglamento Técnico con 28 artículos, 6 de los cuales son visibles en el reverso de cada certificado.
Los principios del COSC son los de promover el buen hacer de la industria relojera y certificar oficialmente la consecución de tales principios:
a) Medir y testar la precisión del movimiento de los relojes y poderles reconocer el status de cronómetro oficial.
b) Promover el cronómetro y emprender cualquier acción legal con el propósito de defender y proteger este título internacionalmente.
c) El COSC no fabrica los cronómetros; simplemente certifica que los fabricantes han aportado una alta calidad en cuanto a la precisión cronométrica de sus productos y atestigua que pueden pertenecer a este prestigioso club.

Cada marca debe cuidar el proceso de fabricación hasta el más mínimo detalle. Una buena lubricación, por ejemplo, es un factor esencial para superar los test. Tras el análisis de las diferentes posiciones, se puede concluir por ejemplo, que hay demasiada lubricación. La variación de la marcha en las pruebas térmicas puede evidenciar un volante fabricado con una aleación inadecuada. A diferencia de una medición instantánea de la marcha con un cronocomparador (instrumento de medición utilizado por los relojeros, lo que indica un comportamiento previsible en el tiempo, pero no toma en cuenta el cambio en la conducción de la fuerza y la pérdida de amplitud resultante, así como las perturbaciones causadas por pequeños defectos en la geometría de los engranajes), la medida por diferenciación de estados permite integrar el comportamiento del movimiento en el tiempo.

Muy importante es el hecho de que el examen COSC lo pasa el movimiento. Después, cada marca los ensambla en su factoría y llega finalmente al cliente. Haciendo un símil automovilístico, el COSC certifica el motor, no el coche, que es responsabilidad de la marca. Además, el epíteto de cronómetro se consigue tras superar unas pruebas de laboratorio específicas, es decir, no simula el uso del reloj en la muñeca.
El ciclo de certificación tiene una duración de dieciséis días. A todos los movimientos de la prueba se les da un número único de identificación grabado en el movimiento. Se utiliza una esfera genérica para las pruebas cuyas normas se especifican por parte del COSC. Esta esfera cuenta con un sistema de puntos de referencia que sirven para centrar de manera absoluta la imagen y hacen que la medida sea insensible a la tolerancia de la posición del movimiento cuando éste se coloca debajo de la cámara.

Cada reloj llega al COSC con todas sus especificaciones técnicas detalladas por la marca (por ejemplo, las placas adicionales de los movimientos se ponen a prueba con ellos montados). Un código de barras se atribuye a cada pieza para permitir una trazabilidad total. La primera operación es la identificación de las piezas en el sistema informático del COSC. Entonces, sus envases se abren en sus bandejas de forma automática, a lo que les sigue un período de descanso de 24 horas antes de someterse a su primera medición.

Durante los siguientes quince días, incluidos sábados y domingos, se llevan a cabo una serie de pruebas repetitivas. En una primera fase, el tiempo indicado por el reloj de forma individual es registrada en un servidor controlado por un reloj atómico. Este tiempo de referencia registrado, permitirá la determinación de las tolerancias sucesivas de la operación del movimiento. Entre las pruebas, el movimiento se colocará en cinco posiciones diferentes (vertical a las 6, a las 3 y las 9 horas, y horizontal, en el lado de la esfera y en el lado del movimiento). La temperatura de control es de 23°C, excepto el undécimo día que baja a 8°C, y  el decimotercero que sube a 38°C. En el cuadro siguiente, los valores M representan la marcha diaria, o sea, la diferencia entre dos valores controlados en un intervalo de 24 horas.
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Los criterios eliminatorios evaluados son siete, y sólo si son todos superados se concede al movimiento el certificado de cronómetro. Existen dos categorías :
– Categoría 1, para calibres con diámetro superior a 20mm. o con una superficie mayor de 314 mm cuadrados.
– Categoría 2, para calibres con diámetro inferior a 20mm. o con una superficie menor de 314 mm cuadrados.
Evidentemente, los valores son menos restrictivos en los calibres pequeños
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La medición diaria determina el estado de funcionamiento del movimiento (en otras palabras, el tiempo mostrado por el movimiento) en relación con el tiempo de referencia. Esta medida por la “diferenciación de los estados” hace posible integrar el comportamiento del movimiento a través del tiempo, como dice el COSC, ya que toma en cuenta las variaciones en la amplitud, así como las pequeñas perturbaciones mecánicas inherentes a cada movimiento.
Las pruebas se llevan a cabo utilizando sistemas de visión industrial: una célula CCD se combina con un sensor óptico que detecta la posición de la aguja de los segundos en la división de la esfera. El registro de los datos y el cálculo de los mismos están todos automatizados.
Los mismos procedimientos, pero en forma manual, se reservan para los movimientos con características especiales como escapes particulares o piezas únicas que requieren un protocolo individual. Además, como los calibres han aumentado de tamaño durante la última década, las máquinas empleadas por el COSC han tenido que adaptarse a las nuevas dimensiones.
Respecto a los movimientos de cuarzo que se someten a las pruebas del COSC, cabe decir que su número es mínimo en comparación a los mecánicos, y además disminuye cada año. Un ejemplo de esto es Rolex: de los 761.000 movimientos que presentó el año 2001, sólo 573 fueron de cuarzo. Basta decir que la tecnología del cuarzo superaría ampliamente las pruebas del COSC para relojes mecánicos, por lo que se les somete a pruebas mucho más exigentes. Durante once días, se les somete a descargas desde varias direcciones, a severos contrastes de temperatura y humedad, así como pruebas de resistencia a campos magnéticos. Finalmente, el movimiento es expuesto a 200 descargas equivalentes a 100G (100 veces mayor que la gravedad).
Las cifras de movimientos que han pasado por los laboratorios del COSC no ha parado de crecer en los últimos años. Si bien en 1999 se rozó el millón de movimientos, en el año 2000 se superó esta cifra, creciendo un 26% en el 2001 con más de 1.255.000 cronómetros (entre mecánicos y cuarzo) para estabilizarse en el 2002 con cerca de 1.272.000 certificados. El año pasado se certificaron 1.276.714 cronómetros. De todos modos, esta cifra solo representa un 3% de la producción relojera suiza, lo que es una muestra del carácter excepcional del cronómetro.
El porcentaje de “aprobados” es muy alto. El último año sólo un 4,6% volvieron a sus factorías para ser revisados. Con ello se demuestra que las firmas que presentan sus movimientos los han preparado previamente para superar los test sin problema. La tecnología de precisión necesaria para fabricar tales cronómetros implica una elevadísima inversión. Por ello, las grandes productoras de movimientos y las grandes firmas consiguen fabricar dichos cronómetros. Prueba de ello es que los movimientos que más comúnmente han superado las pruebas son el calibre ETA 2892, el universalmente conocido Valjoux 7750 o el calibre 3035 de Rolex que equipa a los modelos Oyster y Datejust.

Con más de la mitad del total de certificaciones de cronómetro, Rolex puede presumir de ser la marca con mayor número de movimientos que anualmente superan la prueba (611.424 unidades el 2010). A juzgar por el número de “aprobados” (el laboratorio de Ginebra, donde la casi totalidad de los movimientos examinados son de Rolex, tiene un porcentaje de no superados inferior al 2%), las pruebas a las que se somete la firma en cada uno de sus movimientos en sus propios laboratorios de la factoría, le dan plenas garantías para superar exitosamente las duras pruebas del COSC. A excepción de unos pocos modelos, la práctica totalidad de los relojes de esta firma son cronómetros. Además, si algún movimiento no pasa el examen, Rolex lo devuelve a sus talleres, lo ajusta nuevamente y lo reenvía de nuevo al COSC, hasta que todos obtiene la calificación esperada.

A distancia les siguen Omega con 342.798 certificaciones y Breitling con 122.649, que según los años se reparten el segundo y tercer puesto. Entre ellos, suman un 90% de los calibres certificados COSC anuales. A mayor distancia le siguen otras marcas como Bulgari, Panerai, Tag Heuer, Baume et Mercier, Chopard, Zenith, Vacheron Constantin o Tissot.
Especial comentario merece la marca de relojes profesionales Breitling. A partir de 1999 la totalidad de los relojes que salen de su factoría ostentan la calificación de cronómetro. Fruto de su integración con la firma Kelek y tras una importante inversión, han creado la Breitling Chronometrie, especializada en la fabricación de cronógrafos mecánicos. Entre sus premisas, el concepto “integramente cronómetro” cuida hasta el más mínimo detalle para garantizar su fiabilidad y precisión: Breitling somete tres veces sus relojes a la exigencia COSC:
– Antes de enviar el movimiento al COSC.
– El propio COSC.
– Después de montarlo en la caja.
¿Cuál es el coste para las marcas certificar sus relojes como “cronómetros”?. Para piezas de grandes series, el coste es de 5,25 CHF por pieza, mientras que para los casos especiales con pruebas de control manual, el precio es de 130 CHF. Por ejemplo, para Rolex estas certificaciones ascienden a la módica suma de más de 3 millones de CHF, sin contar los gastos administrativos.
¿Y todo esto vale la pena?. Definitivamente, sí. Tener un certificado COSC aporta prestigio adicional a un reloj, especialmente cuando sólo el tres por ciento de los relojes Suizos poseen dicho certificado. Sin embargo, el sistema no está exento de detractores, y entre las críticas se encuentra el hecho de que los movimientos son probados antes de ser colocados en su caja: unas buenas cifras cronométricas puedan ser alteradas por una mala manipulación durante su montaje en la caja. Bernard Dubois, Director del COSC en Bienne, dice que entiende estas críticas, pero para poner a prueba cada año un gran número de relojes montados en sus cajas, se requeriría una revisión completa de los equipos y procedimientos, debido a que los relojes tienen especificaciones muy diferentes. ¿Cómo se podría medir con precisión las pruebas de operación mediante esferas de todos los colores, cuyo grado de facilidad de lectura son tan diferentes?.
La certificación COSC aún así, sigue siendo una credencial muy válida. En este caso, la pelota está en el campo de las marcas que deben permanecer vigilantes en cuanto a la calidad y al control de fabricación. Esto es extremadamente importante, ya que los clientes no van a aceptar que su reloj con certificado COSC sufra avances o retrocesos en mayor medida de la que oficialmente se determina. También es importante no sólo para la credibilidad del certificado, sino también para la comunidad relojera Suiza, el hecho de que el COSC sigue siendo una fuerte herramienta de comercialización, y todos conocemos la importancia del marketing.
Pero si hay una marca que no envía sus movimientos al COSC, ¿significa que su calidad es inferior?. No, ni mucho menos.  Entre ellos podemos encontrar marcas tan importantes y prestigiosas como Patek, que establece su propio sello del cual hablaremos en una próxima entrada, o los fabricantes alemanes Glashutte y Lange, también con sus propios controles de cronometría. En la siguiente tabla exponemos las diferencias existentes entre los parámetros y tolerancias de los controles propios de las marcas y los del COSC (los valores mensuales y anuales son extrapolaciones a partir de los datos de tolerancia cronométrica de las pruebas de cada fabricante).
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Observad que IWC no permite ni un mínimo retraso en sus límites de cronometría. Al igual que Omega, sus pruebas internas tiene una tolerancia en la variación de marcha más  restrictiva que el COSC. En violeta exponemos los valores máximos de retraso y avance anuales. Vemos como Audemars Piguet permite hasta una avance de  72 minutos al año, mientras que Glashutte admite hasta medio minuto de retraso en sus calibres de carga automática, siendo más estrictos con sus calibres de carga manual.

Resumiendo, debemos valorar el certificado COSC de un reloj como una garantía de que el calibre de ese reloj está dentro de unos parámetros cronométricos controlados, a sabiendas de que no es fiable al 100% debido a varios factores, entre los que se encuentra su manipulación posterior,  pueden hacer variar los valores acreditados. De igual manera, un reloj que cumpla el COSC no implica que tenga una mejor cronometría que uno que no lo tiene; sólo ha pasado un examen al que el otro no se ha presentado.

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Sobre el Autor

Ingeniero geólogo, Master en Geología Marina y Master en Restauración Medioambiental, Co-fundador y editor en Watch-test. Opinión, pasión y rigor, son los pilares fundamentales que sustentan la redacción de mis artículos. La clave, disfrutar de una profesión que coincide con mi afición.

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