Es muy posible que el mayor enemigo de un reloj mecánico sean los campos magnéticos. A lo largo de los años de historia de la relojería mecánica han sido numerosos los estudios e investigaciones orientados a solucionar los efectos negativos con los que estos campos influyen sobre la estabilidad y la precisión de los guardatiempos. Incluso históricas colecciones de grandes manufacturas tienen su razón de ser y exhiben como estandarte algunas de las soluciones adoptadas como, por ejemplo, el Ingenieur de IWC caracterizado por su caja interior de hierro dulce.

Cualquier pensamiento racional, indefectiblemente, debería conducirnos por simple deducción a mantener nuestros guardatiempos lo más lejos posible de la influencia de estos campos. Pero el convencionalismo rara vez conduce a la innovación y, en este caso como demostración de esta afirmación, Christophe Claret abandonando las bases tradicionales de la relojería mecánica nos presenta el X-TREM-1, un guardatiempos que se sirve de la creación de campos magnéticos para implementar la indicación de horas y minutos. Atípico e incluso calificable de descabellado a priori, vamos a hablar de este nuevo reloj de la manufactura de Le Locle.
Hace algunos días os avanzábamos la aparición de esta pieza gracias a un video de la propia manufactura que nos dejaba, a la gran mayoría de aficionados a la relojería, asombrados y expectantes a la llegada de información adicional. A la vista del video y a falta de más datos en ese momento, muchas fueron las suposiciones que hicimos sobre el mecanismo que permitía el movimiento de las pequeñas esferas alojadas en los cilindros de zafiro laterales a la caja del reloj. De entre todas las que surgieron, ninguna contemplaba la correcta. El X-TREM-1 es el primer guardatiempos que aplica los campos magnéticos a la relojería mecánica.

X por Experimental, T por Time, R por Research, E por Engineering y M por Mechanism; así define Christophe Claret al acrónimo que da nombre a su creación. El número 1 que incorpora al final no hace más que incitarnos a pensar en la agradable noticia que supondría un posible sucesor de la saga.

Aunque la verdadera innovación radica en el mecanismo, la caja que lo alberga se ha visto ineludiblemente contagiada debido a las necesidades del conjunto. Si las indicaciones exploran nuevos territorios, la caja debe seguirlas en esta aventura y reinventarse con el fin de no condicionarlas.
Si tuviéramos que elegir una de las habituales formas conocidas para definir la que corresponde a la caja del X-TREM-1, quizás por similitud acudiríamos a la de rectangular, aunque sin lugar a dudas, y como podéis juzgar por vosotros mismos a la vista de las imágenes, esta elección no estaría exenta de matices. En cuanto a sus dimensiones en ningún caso nos permiten ubicar a este reloj en el segmento correspondiente al de dimensiones contenidas. Sus 40,8 x 56,8 x 15 mm hacen del X-TREM-1 un guardatiempos a todas luces grande y apto para pocas muñecas. No obstante, su perfil curvado permitirá una mayor adaptación y, en la medida de los posible, contribuirá a la comodidad en su uso. Tampoco la hermeticidad, por su valor de 3 bar (30 metros), es un dato a destacar aunque a buen seguro este límite considerable como bajo sea, en gran parte, debido a las características del movimiento y, sobre todo, a la existencia de los cilindros laterales de zafiro.

Sea como sea y obviando dimensiones y hermeticidad, que en mi opinión quedan en segundo plano en esta ocasión, el diseño de la caja es realmente bello y atractivo. Deportivo sí, pero también con cierto aire de elegancia imputable a los materiales y colores elegidos.

Como muchos de vosotros habréis deducido la producción del X-TREM-1 será limitada, en concreto a 8 piezas para cada una de sus tres versiones. El factor común en todas ellas es el titanio de grado 5 con tratamiento PVD en acabado negro, material que por su ligereza contribuirá a una mayor comodidad de uso al asociarse con el ya comentado perfil curvado de la caja. Las variaciones para cada una de las versiones son el oro blanco pulido para la primera, oro rosa pulido para la segunda, y platino para la tercera y última.
Obvia decir que la morfología de la caja no permite las típicas referencias a conceptos como bisel o carrura, es más, el continente de este guardatiempos no acepta el uso de conceptos tan habituales, e imprescindibles en un reloj mecánico, como el de corona. Indiscutiblemente la ausencia de este elemento es una de las primeras cosas que llama nuestra atención al observar el guardatiempos, pero no menos cierto es que no se trata de su principal rasgo diferencial. Coincidiréis conmigo en que el protagonismo en este aspecto corresponde al dial, carente de cualquier indicación y cuyo uso se destina prácticamente por completo a permitir la contemplación del movimiento.

El calibre que late en el interior del X-TREM-1, verdadero protagonista y que constituye la razón de ser de esta creación, es el FLY11. La pletina principal y los puentes están fabricados en titanio ultraligero con el objetivo de aligerar el peso del conjunto cuyas dimensiones de 26,6 x 46,4 x 11,94 mm se adaptan perfectamente a la caja. El número de componentes de este movimiento mecánico es de 419 con un total de 64 rubíes.

La frecuencia de oscilación del volante es de 21.600 alternancia por hora (3Hz) e incorpora la complicación de tourbillon volante de 60 segundos con transmisión por piñón cónico. Este tourbillon está soportado por dos cojinetes cerámicos que ofrecen una mayor resistencia a los impactos accidentales e inclinado 30º constituyendo, a través del cristal de zafiro, uno de los principales atractivos visuales al situarse en un plano perfecto para ser observado por su portador a la vez que sirve de soporte para la aguja indicadora de los segundos.

Paradójicamente, semejante complicación mecánica responde únicamente al mecanismo necesario para indicar horas y minutos. Ubicados a ambos lados de la caja podemos observar dos cilindros fabricados en cristal de zafiro y con una longitud de 23 mm cada uno. En el interior de cada uno de estos cilindros se alojan un par de pequeñas esferas de acero vaciadas de tan sólo 4 mm de diámetro y 0,1 gramos de peso cada una. Estas esferas son flotantes y carecen de conexión mecánica alguna con el resto del movimiento. La ubicada en el lado izquierdo es la encargada de la indicación de las horas, mientras que la correspondiente al lado derecho corresponde a la indicación de minutos. A la vista de las escalas grabadas con Super-LumiNova en el zafiro y que acompañan a cada una de las esferas a lo largo de su recorrido por el interior de los cilindros, se revela otra complicación: ambas indicaciones son retrógradas.

Ambas esferas son conducidas por dos campos magnéticos generados gracias a dos pequeños imanes que, en forma de “C”, abrazan al cilindro por su parte exterior. Estos campos magnéticos tienen una orientación tal que no ejercen ninguna influencia sobre el mecanismo excepto, claro está, sobre la función para la que han sido diseñados. Al avanzar, cada uno de ellos porta a la esfera correspondiente por el interior del tubo. Ambos imanes se desplazan a lo largo de dos correderas, una a cada lado de la caja, gracias a la acción de unos cables extremadamente finos y de gran resistencia tejidos con un hilo de seda que, comúnmente, se utiliza en los procesos de cirugía reparadora (SOFSILK). La durabilidad de estos hilos o cables ha sido comprobada en la manufactura de Christophe Claret mediante la aplicación de tests de fatiga que aceleran una simulación de funcionamiento equivalente a 60 años.

El remonte es de tipo manual con una autonomía de 50 horas. También en este apartado el X-TREM-1 destaca por la innovación en micromecánica que supone el disponer de dos barriletes completamente independientes que permiten la integración de esta atípica indicación de horas y minutos sin interferir en la estabilidad del tourbillon ni en la precisión de marcha del guardatiempos. El primer barrilete está reservado para el funcionamiento del tourbillon, mientras que el segundo alimenta al mecanismo de indicación de horas y minutos.

A cada uno de estos barriletes le corresponde un tren de engranajes distinto. El tren de engranajes destinado al contaje de tiempo (alimentado por el primer barrilete) está regulado por el tourbillon, en tanto que el tren responsable de las indicaciones (alimentado por el segundo barrilete) está regulado por un escape especial que recoge la información necesaria del primero. Este escape especial es el punto de interacción entre los dos trenes de engranajes y está constituido por una palanca que libera uno de los dientes de la rueda de paletas del tren de engranaje responsable de las indicaciones cada 25 segundos. Cuando cualquiera de los dos barriletes agota su reserva de marcha, el escape detiene de manera automática el giro del otro, de este modo y aún siendo independientes los dos trenes de engranajes, se consigue eliminar cualquier perturbación sobre el funcionamiento del tourbillon y la precisión de marcha del reloj.

Unos párrafos más arriba comentaba que el X-TREM-1 no aceptaba términos como corona. Estaréis de acuerdo conmigo que este elemento es indispensable en un reloj mecánico tanto para su remonte como para su sincronización o puesta en hora. A la vista de la caja es obvio que la corona, de existir, no puede hacerlo en ninguna de sus posiciones convencionales. Los laterales de la caja están ocupados por los cilindros de zafiro y, tanto la parte superior como la inferior, albergan la integración de la correa (de piel de aligator en color negro o piel con tacto de caucho) que, a destacar, implementa un sistema de cambio rápido que incrementa la facilidad en sus sustitución a la vez que evita posibles daños por arañazos a la caja en el proceso.
Para la implementación de ambas funciones, el X-TREM-1 alberga en su reverso dos argollas abatibles que actúan sobre un par de discos giratorios destinados a tal fin. Cada una de estas argollas viene indicada con su función correspondiente: “winding” a la izquierda para el remonte actuando sobre los barriletes y “setting” a la derecha para la sincronización actuando sobre el desplazamiento de los imanes laterales. De manera adicional y para permitir un ajuste rápido, tan sólo sobre la indicación de las horas, la caja alberga un pulsador en la posición equivalente a las 12. Cada vez que se activa este pulsador la esfera se desplaza en una unidad.

El proyecto inicial para el desarrollo de esta tecnología, que poco tenía que ver con el resultado final, fue propuesto por dos relojeros de Neuchâtel, Frédéric Richard y Olivier Randin, a Christophe Claret que decidió adquirir los derechos y la correspondiente patente. Finalmente, el proyecto fue desarrollado de manera conjunta por la manufactura de Christophe Claret, la Escuela de Ingeniería y Negocios del cantón de Vaud (HEIG-VD) ubicada en Yverdon-les-Bains y un equipo dirigido por el Profesor Besson.

Huelga decir, aunque hayamos centrado el test en aspectos técnicos y de diseño, que los acabados de todos y cada uno de los componentes de este guardatiempos son de la más alta calidad de acuerdo a los estándares habituales de la manufactura de Le Locle.
Como bien sabéis, cuando se trata de un test, adjuntamos al final del artículo una tabla de valoración de los distintos aspectos del reloj sobre el que hablamos. Ciertamente, el X-TREM-1 es un guardatiempos que huye, como hemos dicho, de lo convencional en casi todos los aspectos, tanto técnicos como de diseño. Es por este motivo que, en este caso, prefiero sustituir la habitual tabla por una serie de comentarios a modo de resumen.

En cuanto al diseño del guardatiempos queda patente, a la vista de lo comentado, que éste se ha adaptado a las necesidades que requería el sistema de indicación elegido. Este hecho implica el haber tenido que diseñar una caja totalmente nueva y que, además, no permitía tomar como referencia ninguna de las existentes. En mi opinión el resultado de este diseño es inmejorable más teniendo en cuenta el nivel de acabados otorgado a todos los componentes.

Si hablamos del mecanismo creo no correr ningún riesgo al afirmar que estamos ante una importante aportación al mundo de la relojería. Obviamente los campos magnéticos como tales continúan siendo perjudiciales para nuestros relojes, pero Christophe Claret y su equipo han demostrado que, a bajas intensidades, pueden ser utilizados en aplicaciones de relojería mecánica. De entre todas las particularidades que implica un calibre como el que hemos visto, asuntos magnéticos aparte, uno de los aspectos que más despierta mi curiosidad es el sistema que se haya implementado para transformar el movimiento de giro de las ruedas de los trenes en el movimiento lineal que precisan los carros que conducen a los imanes.

En cuanto al tema de complejidad entendida en el modo habitual, quizás hablaríamos únicamente del tourbillon. En este caso sería totalmente injusto, puesto que creo que la complejidad del calibre FLY11 radica en el principio de funcionamiento del conjunto.

Si nos referimos a los aspecto más físicos de esta pieza como la hermeticidad y la robustez comentar, sobre la primera, que los 3 bar son realmente considerables como justos en valor absoluto aunque en términos relativos y teniendo en cuenta el tipo de reloj y de construcción de la caja resultan más que adecuados. Respecto de la robustez, y sin dudar en ningún momento de las pruebas a las que habrá sido sometido, quizás los componentes que más reclamarían mi preocupación serían los dos cilindros de zafiro laterales.
Para todos aquellos que hayáis decidido no seguir el link que os dejaba más arriba, os pongo el video directamente a continuación. No os lo perdáis, vale la pena.


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Sobre el Autor

Ingeniero Técnico Industrial, de formación electrónica con pasión por la micro-mecánica. Co-fundador y editor de Watch-Test. En mi trabajo y en la vida tengo una máxima: Las cosas hay que explicarlas de manera que se entiendan. De lo contrario, el esfuerzo es en vano.

5 comentarios

  1. Sabéis cómo afectan los golpes o los movimientos bruscos a la capacidad de retención magnética que ejercen los imanes sobre las esferas? Supongo que la ligereza de dichas esferas les otorgan una baja capacidad de inercia.

  2. Los datos de los que disponemos no profundizan tanto, menos aún en las características técnicas y de cálculo del calibre. Desconozco la intensidad del campo magnético que crean los imanes y la relación de éste con las esferas. Lo que sí está claro como bien comentas es que dados los 0,1 gramos de peso y los 4 mm de diámetro de cada una de las esferas, a priori, éstas pueden considerarse como masas puntuales y, de este modo, la inercia debería ser mínima.

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