La tradición relojera de Girard-Perregaux se extiende más allá de hace 220 años. En esta larga trayectoria, uno de los rasgos que ha caracterizado a esta manufactura ha sido la dedicación a las complicaciones y, entre ellas, el tourbillon.
Ya en la primera mitad del siglo XIX, Constant Girard-Perregaux dedicó largas horas de estudio e investigación orientadas al desarrollo de un escape de tourbillon que culminaron con la obtención del primer premio del Observatorio de Neuchâtel en el año 1860. El modelo presentado entonces se caracterizaba ya por su movimiento soportado bajo tres puentes paralelos. Posteriormente estos tres puentes se fabricaron en oro y adquirieron forma de flecha en sus extremos obteniendo la medalla de oro en la Exposición Universal de París de 1889.
El nuevo Laureato Tourbillon presentado por Girard-Perregaux en el SIHH rememora a sus progenitores manteniendo su configuración original y la más alta tradición relojera, al mismo tiempo que adapta su diseño a ciertos aires futuristas.
Se mantienen los tres puentes paralelos de manera que el superior, a las 12, corresponde al barrilete, el central se destina al tren de engranajes y el inferior, a las 6, tiene por misión la soportación de la jaula del tourbillon.
En ellos, los anteriores materiales utilizados se han sustituido por la espinela. Se trata de una piedra preciosa que constituye una familia de gemas de colores muy diversos debido a la presencia de impurezas en sus cristales. Los principales tipos existentes son la ceilanita (de color negro a verde oscuro debido a la presencia de hierro), la espinela roja cuyo color se debe a la presencia de cromo o aluminio y, por último, la Gahnoespinela cuyo color azul se debe a la presencia de hierro, zinc y, en menor proporción, cobalto. Así pues dado el color de los puentes, aunque en la nota de prensa no se comenta, podemos suponer que en este caso de trata del último tipo.
Las indicaciones del Laureato Tourbillon se reducen al mínimo necesario, esto es, horas, minutos y pequeño segundero ubicado en la jaula del tourbillon. Recordemos que el tourbillon no representa una indicación sino un mecanismo para aumentar la precisión de la marcha del reloj eliminando las influencias de la fuerza de la gravedad.
La caja, fabricada en titanio con acabado satinado, tiene un diámetro de 42,6 mm e incorpora un bisel de forma octogonal en platino. El fondo es atornillado y permite observar el calibre a través del cristal de zafiro que monta. El conjunto tiene una hermeticidad de 3 bar.
El calibre que alimenta el movimiento de este guardatiempos es el Girard-Perregaux 9600-0004 de remonte automático, con una reserva de marcha de 48 horas y una frecuencia de oscilación del volante de 21.600 alternancias por hora.

Ciertamente se trata de un reloj peculiar en cuanto a su diseño, para nada convencional, lo cual a buen seguro lo convertirá en muy deseado para algunos y nada atractivo para otros. Lo que no admite ningún tipo de dudas, y en este punto deberíamos coincidir, es la extrema calidad del conjunto tanto por lo que se refiere al calibre como a los materiales y acabados de todos y cada uno de sus componentes.

Los que tengáis dudas no os preocupéis, puesto que se trata de una edición limitada y numerada a tan sólo 10 unidades.

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Sobre el Autor

Ingeniero Técnico Industrial, de formación electrónica con pasión por la micro-mecánica. Co-fundador y editor de Watch-Test. En mi trabajo y en la vida tengo una máxima: Las cosas hay que explicarlas de manera que se entiendan. De lo contrario, el esfuerzo es en vano.

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