Con este calibre, Hublot realiza un homenaje al “calculador atronómico” más antiguo de la historia. El mecanismo de Anticitera es uno de los objetos más misteriosos de la historia de las civilizaciones. Conocido en la actualidad y estudiado con minuciosidad por la comunidad científica, fue descubierto en 1901, aunque en aquel momento no llegó a comprenderse el inmenso interés histórico y técnico que despertaría posteriormente este mecanismo.

En el año 2008, la revista científica Nature reveló los análisis tomográficos practicados a los fragmentos de la máquina, información que activó la imaginación de algunos relojeros algo audaces. Mathias Buttet, en la actualidad director de fabricación e I+D de la manufactura Hublot, ha querido rendir homenaje a la primera obra maestra mecánica que nos ha legado la historia. Un homenaje técnico en el que se han miniaturizado hasta las dimensiones de un reloj de pulsera el conjunto del mecanismo de Anticitera, tal y como ha revelado el análisis científico. Un homenaje relojero que le otorga a este calculador astronómico una nueva dimensión, la de un objeto del tiempo en sí mismo, capaz de indicar la hora con precisión.

Es la primera vez en la historia de los relojes que una oficina de desarrollo relojero se inspira directamente en una mecánica “arqueológica” heredada de la Antigüedad. También es la primera vez que un equipo relojero trabaja de esta forma, codo con codo, con un equipo científico que agrupa tanto a eminencias internacionales de la arqueología y de la epigrafía como a historiadores de la mecánica. Los relojeros han contribuido a que los arqueólogos comprendan mejor algunos engranajes y validen algunas hipótesis mecánicas, mientras que los científicos han revelado a los relojeros soluciones técnicas olvidadas desde la Antigüedad (especialmente engranajes circulares de ciclos no lineales).

Los fragmentos de esta “máquina” no se analizaron con profundidad en un marco multidisciplinar hasta principios del siglo XXI. Estos trabajos han permitido comprender mejor la complejidad de este antiguo y extraordinario mecanismo. En la actualidad, se admite que este “instrumento astronómico” data del siglo II antes de nuestra era (entre el año 150 y 100 aC, con una estimación reciente de mayor precisión de alrededor del año 87 antes de nuestra era). Originalmente se trataba de un “calculador” cuyos engranajes de bronce se encontraban en una caja de madera con unas dimensiones medias aproximadas de 33 cm x 18 cm, una caja cerrada mediante dos placas de bronce recubiertas de inscripciones.

Sólo quedan 82 fragmentos de esta “máquina”, algunos minúsculos y todos ellos afectados por la corrosión. Actualmente se encuentran para siempre bien resguardados en el Museo Arqueológico de Atenas.Un estudio tomográfico (con escáner de rayos X) muy avanzado ha permitido revelar, en imágenes explotables científica y arqueológicamente, numerosos engranajes internos, invisibles a simple vista, ruedas dentadas y nuevas inscripciones ocultas bajo las concreciones.

Apenas se ha podido descifrar una cuarta parte de las letras griegas arcaicas de este texto; no obstante, se considera que se trataba de un tipo de “instrucciones”, que se cree también podrían indicar el movimiento de determinados planetas principales. Los engranajes se activaban mediante una manivela lateral, sin excluir la posible intervención de un sistema hidráulico adicional.

De acuerdo con las inscripciones que se han descifrado, el mecanismo de Anticitera podía indicar distintos ciclos solares y lunares, probablemente planetarios, relacionándolos con los calendarios civiles de grandes ciudades griegas (Corinto, Delfos u Olimpia) e indicando las fechas de los distintos juegos de estas ciudades.
El mecanismo de Anticitera no era un reloj capaz de dar la hora, los griegos antiguos no concebían el tiempo como nosotros. Auténtico cosmógrafo (máquina para describir el cosmos) y más exactamente selenógrafo (máquina para describir los movimientos de la Luna) de gran precisión, el mecanismo de Anticitera podía indicar múltiples ciclos astronómicos, como el ciclo metónico (del astrónomo griego Metón; transcurre a lo largo de 19 años, es decir, 235 lunaciones) o el ciclo calípico (del astrónomo griego Calipo; transcurre a lo largo de 76 años, es decir, 940 lunaciones o cuatro ciclos metónicos), corrigiendo sus imprecisiones. El mecanismo de Anticitera también indicaba el ciclo de Saros (223 lunaciones a lo largo de algo más de 18 años) y el ciclo Exeligmos (equivalente a tres ciclos de Saros, es decir, 54 años) que servían sobre todo para predecir los eclipses.
El desafío del equipo de Mathias Buttet era integrar un movimiento relojero en una reinterpretación miniaturizada del mecanismo de Anticitera, respetando la arquitectura de éste último, y sobre todo su doble visualización recto-verso. La primera actuación de este equipo fue realizar en unos centímetros cúbicos lo que los mecánicos de la Antigüedad habían desarrollado en unos centenares de centímetros cúbicos, sin perder nada del espíritu inicial del mecanismo, ni de su precisión, ni de la legibilidad de sus indicaciones.

Las horas y los minutos se muestran de forma clásica en el centro del movimiento recreado por Hublot y presentado por primera vez en el Musée des Arts et Métiers de Paris, en el marco de la exposición “Anticythère, l’énigmatique machine surgie du fonds du temps” (Anticitera, la enigmática máquina surgida del fondo de los tiempos). Este movimiento relojero está regulado por un tourbillon, igualmente clásico, cuya “cage” en las 6 h da una vuelta sobre sí misma en un minuto.

Se han respetado las distintas indicaciones conocidas de la “máquina” de Anticitera acerca del futuro reloj, tanto en recto como en verso. En la primera cara del movimiento se encuentra el calendario de los Juegos Panhelénicos (que designaba a las ciudades que albergaban estos juegos), el calendario egipcio (12 meses de 30 días, con los días epagómenos, suplementarios), la posición del Sol en las constelaciones del Zodíaco, las fases de la Luna (en una magistral aguja de ventanilla, que indica la posición de la Luna en el Zodíaco a lo largo del mes sideral), así como el año sideral. En el dorso del movimiento relojero se encuentran el ciclo calípico, el ciclo metónico, el ciclo de Saros y el ciclo Exeligmos.

Se trata de la primera vez en la historia de los objetos del tiempo que se estudian, reproducen y visualizan mecánicamente estos ciclos, heredados de la Antigüedad. El equipo Hublot ha tenido que desarrollar, para poner a punto algunos de estos engranajes, un concepto muy innovador de agujas telescópicas no circulares, capaces de señalar sobre discos en espiral de diámetro variable.

El reloj Hublot “Anticythère”, que albergará este movimiento de relojería cuya idea nació en la Antigüedad, se presentará en el Salón de la relojería de Basilea (Baselworld) en la primavera de 2012. Hasta entonces, el movimiento se presentará en una exposición permanente que el Musée des Arts et Métiers ha consagrado al mecanismo de Anticitera.


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Sobre el Autor

Ingeniero geólogo, Master en Geología Marina y Master en Restauración Medioambiental, Co-fundador y editor en Watch-test. Opinión, pasión y rigor, son los pilares fundamentales que sustentan la redacción de mis artículos. La clave, disfrutar de una profesión que coincide con mi afición.

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