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Seguimos con la segunda parte del artículo dedicado a la historia de finales del siglo XIX de Longines. Además de concretar la relación con el mundo ecuestre, finalizaremos con la presentación del modelo que nos ha servido de excusa y enlace entre la historia y el presente de la marca.
Después de varios años de tanteo y probaturas, Longines lanza en 1877 su primer mecanismo totalmente de producción interna, el calibre 18 L, un movimiento Lépine con escape de áncora y remontoir, abandonando así el clásico sistema de remonte con llave. Recordemos que en este tipo de movimientos, la aguja de segundos está colocada en el eje de la tija del remontoir, por oposición al calibre «sabonnette», en que el segundero está situado perpendicularmente al eje de la tija.

Sus esfuerzos se vieron rápidamente compensados gracias al gran éxito obtenido en los Estados Unidos, una consecuencia directa de la influencia que tuvo el mercado americano en la concepción y construcción de sus primeros calibres. En vez de exportar relojes completos, comercializa sólo los movimientos, consiguiendo así reducir las tasas aduaneras a la vez que ofrecer un producto que se adapta a los gustos cambiantes del consumidor local gracias a recurrir al uso de caja de fabricación americana. Como resultado, el porcentaje de movimientos dentro del volumen total de las exportaciones relojeras suizas a los Estados Unidos pasaron de un 11’2% en 1885 al 35’5% en 1890 y al 46,4% en 1900. Para ello resultó clave el hecho de desarrollar los calibres a medida de los relojes americanos más populares, 16 size y 18 size, que corresponden respectivamente a movimientos de 19 líneas y 21 líneas: entre las décadas de 1880 y 1890, Longines fabricó no menos de siete calibres de 19 líneas.

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A finales de los 70, paralelamente a estos guardatiempos destinados al gran público, Longines se lanzó a concebir y comercializar relojes más específicos, como por ejemplo relojes de alta precisión, relojes femeninos o cronógrafos. La colaboración de Alfred Lugrin resultó imprescindible en el desarrollo del primero cronógrafo de Longines, el 20H, presentado en 1878 y rápidamente adoptado para su uso en eventos deportivos, y particularmente en carreras de caballos. Por este motivo, la trasera de algunas series de los 20H lucían un grabado con motivos ecuestres. Los más antiguos anuncios publicitarios conocidos en los que se alaban los productos de la marca del reloj de arena alado se refieren al deporte hípico, y el cronógrafo monopulsante se convierte en el producto estrella. Hay que imaginar que los primeros cronógrafos Longines vendidos en territorio estadounidense no solo sirven a los apostantes para realizar su elección y a los espectadores en las gradas de los hipódromos, sino también a todos los actores del universo del caballo, como las personas interesadas en la compra de futuros campeones o los jinetes. Ya en 1886, Longines equipa a la mayoría de los jueces deportivos neoyorquinos.

Old Fulton NY Post Cards   By Tom Tryniski

Posteriormente se desarrollaron otros modelos de cronógrafos, entre los que destaca el calibre 19CH, que podía medir 1/5º de segundo. Lanzado en 1897 bajo una versión ligeramente modificada (19.73), se mantendrá como la referencia de Longines en materia de cronometraje deportivo hasta finales de los años 20.

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En 1912, Longines inauguró el primer sistema de cronometraje deportivo electromecánico – con ayuda de cables que cuando se rompen, respectivamente inicia o se detiene el cronógrafo – en el Festival Federal de Gimnasia en Basilea: se había entrado en un nuevo campo tecnológico. A continuación, se utilizó el sistema de hilos rotos en innumerables concursos de muchas disciplinas deportivas como el salto de obstáculos o las carreras de caballos.La marca participó por primera vez como cronometradora en el Concurso Hípico Internacional Oficial de Ginebra en 1926. Siguiendo con una relación de más de 140 años, la participación actual de Longines en los deportes ecuestres incluye el salto de obstáculos, las carreras sin obstáculos y las carreras de resistencia.

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A través de su implicación en la carrera de caballos, competiciones de resistencia y de salto de obstáculos, Longines sigue manteniendo una estrecha relación con el mundo de los deportes ecuestres. Desde el comienzo del siglo XX hasta el año 2012, más de 550 competencias en este campo fueron cronometrados por Longines. Sin duda, sus valores e historia han influido positivamente para que actualmente sea el cronometrador y reloj oficial de la Federación Ecuestre Internacional (FEI).

Este guardatiempos no es el primer reloj de bolsillo que lanza recientemente Longines. Recordemos el Lépine 180 Aniversario lanzado en 2012, un elegante reloj de bolsillo de 56 mm en acero, esfera lacada blanca con numerales romanos y agujas Breguet azuladas. Ahora es el turno del Equestrian Lépine. Como ya comentamos anteriormente, la definición Lépine le viene dada por la ubicación de la aguja de segundos, colocada en el mismo eje de la tija del remontoir.

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Con un diámetro de 49’50 mm, su tamaño resulta casi contenido cuando hablamos de relojes de bolsillo. Esta vez, Longines ha recurrido a un material noble, el oro rosa, que no se corresponde con el modelo original de 1927 en el que se inspira. Aparte de ello, el diseño exterior no varía un ápice.

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El grabado de los laterales de la caja y de la corona argolla son idénticos, al igual que el grabado de la trasera, un jinete y su caballo saltando un obstáculo. La esfera sigue el mismo camino de fidelidad: blanca lacada, con minutería tipo ferrocarril, numerales arábigos negros de 1 a 12 horas y un segundo círculo horario interior en color rojo que muestra las horas post merídiem exceptuando las 17 y 19 horas, dos números que se omiten debido a que se hubieran solapado con la circunferencia exterior del pequeño segundero ubicado a las 6. Las esbeltas manecillas Breguet completan una esfera tremendamente elegante y equilibrada.

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En su interior late el calibre L506.2 (ETA 6497/2), un movimiento de remonte manual de 16 1/2 líneas que vibra a 21.600 alternancias por hora y presenta una reserva de marcha de 56 horas. El único “pero” que le podemos poner es que no incluye la tradicional cadena con que se entregan o deberían entregar este tipo de relojes, obligando así al cliente a buscar este accesorio por su cuenta.

No podemos pretender entender la relojería actual sin conocer su historia ni los acontecimientos que han marcado su evolución. Este es el objetivo que perseguimos con este tipo de artículos: fomentar la divulgación de la relojería mediante la contextualización de aquellos relojes cuyas características nos den pie a ello. Este ha sido el caso del Longines Equestrian Lépine, una novedad de Basel 2014 que podría fácilmente pasar desapercibida,  y que nos ha permitido conocer ciertos hechos históricos del último tercio del siglo XIX claves en el desarrollo y devenir de la relojería.


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Sobre el Autor

Ingeniero geólogo, Master en Geología Marina y Master en Restauración Medioambiental, Co-fundador y editor en Watch-test. Opinión, pasión y rigor, son los pilares fundamentales que sustentan la redacción de mis artículos. La clave, disfrutar de una profesión que coincide con mi afición.

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