Algo comentamos ya en el artículo general publicado desde Ginebra sobre las novedades presentadas este año en el SIHH por Montblanc. Sin duda alguna y principalmente a nivel técnico, el que más nos sorprendió fue el reloj del que os voy a hablar en este artículo: el Montblanc TimeWriter II Chronographe Bi-Fréquence 1.000.

Parece ser que la búsqueda de la medición perfecta de las fracciones de segundo se ha convertido en una meta ansiada por muchas de las manufacturas actuales. Sin ir más lejos, no hace mucho os hablaba del Centigraphe Souverain de F.P. Journe y la medición de la centésima de segundo. En ese artículo vimos que la frecuencia de oscilación del volante necesaria para posibilitar la medición de 1/100 de segundo era de 360.000 alternancias por hora o, lo que es lo mismo, 50 Hz. En realidad la frecuencia de oscilación del Centigraphe es de 21.600 alternancias por hora (3 Hz) lo que permite, inicialmente, medir el tiempo cronometrado con una precisión de 1/6 de segundo. Ya comentamos que el “secreto” del Centigraphe consistía en estar construido sobre la base de un cronógrafo foudroyante pero que permitía detener la trotadora en cualquier posición y no únicamente en una de las seis que correspondían a los intervalos marcados por su frecuencia de oscilación.

Pues bien, si el complejo sistema utilizado por F.P. Journe y el ingenioso mecanismo implementado para medir la centésima de segundo nos sorprendió, podréis haceros una idea de la sensación que produjo el oír que Montblanc había conseguido medir, mecánicamente, la milésima de segundo. Siguiendo el razonamiento análogo al utilizado cuando hablamos del Centigraphe y los conceptos expuestos en nuestro apartado de técnica, es fácil deducir que, para llegar a medir 1/1.000 de segundo, es necesario disponer de una frecuencia de oscilación del volante de 500 Hz (3.600.000 alternancias por hora). Veamos como consigue Montblanc este hito en la relojería mecánica.

Detalle del volante del movimiento base

Empezaremos diciendo que este guardatiempos está dotado de dos órganos reguladores. El primero de ellos destinado a gobernar la indicación de las horas y minutos, situada en el centro del dial y cuyos índices se muestran en números romanos, y la de los segundos representada por un pequeño disco giratorio de cristal de zafiro a las 9 en el dial y cuyo valor correspondiente en cada momento puede leerse gracias a la pequeña flecha en color blanco a la izquierda. El volante (visible a través del cristal de zafiro del dial a las 7), en este caso, oscila a una frecuencia convencional de 18.000 alternancias por hora (2,5 Hz) y el muelle real correspondiente a esta parte del movimiento le proporciona una más que generosa reserva de marcha de 100 horas.

Detalle del volante del cronógrafo

El segundo órgano regulador es el que contiene la complicación y la razón de ser de este guardatiempos, basado en la filosofía TimeWriter de Montblanc que inspiró la creación de la Fundación Minerva en el año 2008 y cuyo objetivo radica en la creación, cada dos años, de un reloj que aporte nuevos hitos en las técnicas relojeras tradicionales. Mientras que F.P. Journe en su Centigraphe conseguía medir la centésima de segundo basándose en un volante que oscila a 3 Hz y añadiendo un mecanismo de parada de la trotadora, el volante del movimiento del cronógrafo de este TimeWriter (visible en la posición de las diez y media) oscila, realmente, a los 50 Hz necesarios que permiten medir esta fracción de segundo (¡!). Obviamente, esta frecuencia de oscilación requiere de un aporte de energía más que considerable (la reserva de marcha es inversamente proporcional a la frecuencia de oscilación del movimiento) por lo que el muelle real que le proporciona el par de fuerza consigue una reserva de marcha de 45 minutos para el funcionamiento del cronógrafo. El indicador de reserva de marcha del movimiento del crono lo encontramos situado a las 3 en el dial representado por una escala, graduada desde 0 a 45, en forma de arco.

Indicador de reserva de marcha del cronógrafo

Puesto que este guardatiempos incorpora dos barriletes con sus correspondientes muelles reales, es necesario remontarlos a ambos. La solución adoptada por Montblanc ha sido la siguiente. Girando la corona, fabricada en oro blanco de 18K y con el logotipo de la manufactura en madreperla, en sentido horario, remontamos el movimiento base del reloj que corresponde a las indicaciones de horas, minutos y segundos. Si el giro de la corona se lleva a cabo en sentido antihorario remontamos el mecanismo del cronógrafo hasta sus 45 minutos de máxima reserva de marcha. Es importante anotar el hecho de que, al igual que sucede con el remonte de un movimiento base convencional, el mecanismo del cronógrafo puede remontarse cuando éste está en funcionamiento.

El accionamiento del cronógrafo es del tipo monopulsante, es decir, un único pulsador para el inicio, parada y puesta a cero de las mediciones de tiempo. Punto particular y, en mi opinión, muy acertado, es la ubicación en la caja de este pulsador. Se encuentra situado a las 12 en punto entre las dos asas superiores de la caja, permitiendo de este modo una posición más natural de la mano en su activación (nos es necesario el habitual giro de 90 grados de la muñeca que requieren la mayoría de los cronógrafos).

 

Pasemos a la exposición del funcionamiento del crono sirviéndonos de sus indicaciones. Para empezar, a las 6 se localiza un subdial con dos escalas concéntricas. La escala interior indica, con ayuda de la aguja más corta en color rojo, los minutos transcurridos hasta un máximo de 15; mientras que la escala exterior a la que corresponde la aguja de mayor longitud (en gris y con el extremo en rojo), nos proporciona la información sobre los segundos.
Contador de minutos y segundos del cronógrafo

La tercera indicación de este cronógrafo monopulsante corresponde a la fracción de las centésimas de segundo. Para ello se ha dispuesto una larga aguja con su eje central situado en el centro del dial y que se extiende hasta la escala, dividida en cien segmentos, que lo recorre perimetralmente siguiendo la curvatura del bisel de la caja. Esta aguja realiza una vuelta completa por cada segundo transcurrido y es la que, al detener el crono, se situará justo encima de uno de los índices para indicar la centésima de segundo correspondiente. Puesto que la frecuencia de oscilación del volante del cronógrafo, como ya hemos dicho, es de 50 Hz, este calibre permite que la aguja se mueva a razón de 100 saltos por segundo lo cual coincide, obviamente, con la fracción de segundo a medir.

Y llegamos a la cuarta y última indicación del crono: las milésimas de segundo. En la posición de las 12 en punto encontramos situada una escala en forma de abanico con la letra N (posición neutra) a la izquierda y los números del 0 al 9 para la indicación de esta fracción de segundo. Al contrario de lo que sucede con el resto de indicaciones del crono, durante el lapso de tiempo cronometrado la aguja indicadora de esta escala se mantiene fija en la posición N. Es sólo cuando detenemos el cronógrafo que se mueve de manera instantánea hasta el dígito correspondiente a las milésimas del tiempo medido.
Contador de milésimas

Pero, si la frecuencia de oscilación del volante del cronógrafo es de 50 Hz, ¿cómo se consigue la medición de las milésima de segundo que requiere una frecuencia de 500 Hz?. El relojero español Bartomeu Gomila (habéis leído bien, es español) es quien ha desarrollado el TimeWriter II Chronographe Bi-Fréquence 1.000, conjuntamente con el maestro relojero Demetrio Cabiddu, ha introducido una rueda adicional en el tren de engranajes a la que ha denominado “rueda de las milésimas” la cual recibe, gracias a un mecanismo conectado al volante del crono, un impulso que la hace girar sobre su propio eje a una velocidad de 10 vueltas por segundo y que proporciona la resolución suficiente como para permitir la subdivisión de las milésimas de segundo en incrementos de 10 unidades. Esta es toda la explicación que tenemos de momento, aunque un tanto vaga, puede dar una idea de la solución adoptada. De todos modos intentaremos indagar para averiguar con más detalle el funcionamiento de este ingenioso, y complicado, mecanismo.

Las funciones del cronógrafo están controladas por una rueda de pilares de dos niveles. El primer nivel actúa sobre las funciones de arranque, parada y puesta cero mientras que el segundo es el responsable de controlar la rueda de las milésimas.

El calibre desarrollado que alimenta a este guardatiempos es el calibre manufactura de carga manual MB TW02.

 

La caja está fabricada en oro blanco de 18K y tiene unas dimensiones de 47 mm de diámetro y 15,10 mm de altura. El dial y el reverso del reloj van protegidos con cristal de zafiro con tratamiento antireflejos por ambos lados y la impermeabilidad del conjunto es de 3 bar (30 metros).
Como supongo que ya habréis ido intuyendo a medida que avanzábamos en el artículo, este complejo cronógrafo se manufacturará en serie limitada a 36 piezas.
En resumen, se trata de un cronógrafo de altas prestaciones cuyo desarrollo y fabricación implica una elevada complejidad. Quizás el único pero existente, desde mi punto de vista, es a nivel estético en cuanto al dial. Personalmente prefiero los diales sobrios aunque, en honor a la verdad, quizás en esta ocasión hubiera rozado el sacrilegio mantener oculta semejante belleza de movimiento.
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Sobre el Autor

Ingeniero Técnico Industrial, de formación electrónica con pasión por la micro-mecánica. Co-fundador y editor de Watch-Test. En mi trabajo y en la vida tengo una máxima: Las cosas hay que explicarlas de manera que se entiendan. De lo contrario, el esfuerzo es en vano.

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