Dentro de nuestro breve pero intenso historial, y tras casi 400 artículos publicados en siete meses, todavía no habíamos escrito sobre uno de las marcas por las que siento una atracción especial, H. Moser & Cie. Aprovechando la pronta publicación del Test del nuevo Meridian Dual Time, presentado en la reciente feria de Basel, ofrecemos una breve introducción a la historia y colección de esta marca, una gran desconocida para muchos aficionados a la alta relojería.
Para encontrar las raíces de H. Moser & Cie , debemos retroceder unos cuantos siglos atrás, concretamente hasta el XVII. En esa época habían registrados en la crónica de Schaffhausen más de treinta relojeros. Pero fue con Johannes Moser (1730-1820), el abuelo de Heinrich Moser, con quien la ciudad volvió a contar con un maestro cuyas obras habrían de perdurar en el tiempo. Como relojero municipal y miembro del juzgado de la ciudad, Johannes Moser fue una personalidad muy respetada.
Fundó la dinastía relojera Moser, caracterizada por una excelente calidad y un profundo dominio del arte relojero. Su hijo, Erhard Moser, le sucedió en el cargo de relojero de la ciudad. Al igual que su padre, Erhard Moser no solamente fue un relojero de renombre sino también una personalidad muy conocida en su ciudad por haber integrado el Consejo Municipal y haber revestido el cargo de alcalde. Fue él quien inició en el oficio de la relojería a su hijo Heinrich Moser, nacido en Schaffhausen en 1805 en la casa denominada «Haus zum Blauen Himmel» («hacia el cielo azul»).

 

La habilidad relojera demostrada por Heinrich Moser le valió muy rápidamente el reconocimiento y el renombre internacionales. Se convirtió así, en el representante más notorio de la relojería de Schaffhausen y fundó empresas, entre otros lugares, en San Petersburgo y en la localidad suiza de Le Locle. En 1853 abrió en Schaffhausen un taller dedicado a la producción de cajas de relojes y en 1856 creó una escuela de relojería.
En 1826, hacia el final de su aprendizaje y un período pasado como oficial, Heinrich Moser contempla dónde y cómo puede construirse un futuro exitoso por. De hecho, su objetivo era introducir el método de manufactura basado en el principio de la división del trabajo en su ciudad natal de Schaffhausen, para establecer una pequeña fábrica de relojes. Sin embargo, el Ayuntamiento rechazó su propuesta y dió el cargo honorario de relojero ciudad a otra persona. Moser emigró a San Petersburgo, en Rusia, donde fundó la compañía de comercio, “H. Moser & Co.”, a finales de 1828.
En 1829, estableció una fábrica de relojes en LeLocle, donde fabricaba los relojes destinados a los mercados de Europa y Rusia. En 1831, Moser también fue capaz de abrir una sucursal en Moscú. Otra de sus astutas decisiones fue el establecer sucursales adicionales en Nizhni Nóvgorod y en Irbit, los puntos de comercio más importantes de Rusia en esa época. La marca Moser, por lo tanto, tenía una presencia en los dos centros administrativos de Rusia, así como en las sedes centrales del comercio.
Poco a poco, Heinrich Moser superó a las empresas competidoras, llegando en pocos años a mercados como Japón, China, Persia, el Turquestán, Siberia o Kamchatka. Alrededor de 1845, ya se había convertido en el líder indiscutible del mercado relojero ruso.
Las empresas rusas de Moser empleaban a unas 50 personas, entre los que se encontraban relojeros alemanes, suizos, rusos o suecos. Su empleado más capaz era, sin duda, J. Winterhalter, que posteriormente se hizo cargo de la empresa Moser en Rusia.
Cuando Moser volvió a Schaffhausen como un empresario exitoso y rico, seguía siendo un fabricante de relojes que pensaba con el corazón. Era consciente de su formación que, por lo que los relojes de bolsillo se refiere, la fabricación y la calidad de la caja representaba un punto débil en el proceso de fabricación del reloj. Para solucionarlo,  en 1853 abrió en Schaffausen un taller con unos 20 trabajadores, donde fabricaban las cajas de los relojes, principalmente en plata. Tres o cuatro años más tarde, añadió un segundo taller.
A partir del 1860, Heinrich Moser figura como cliente en los archivos de Jaeger-LeCoultre. Adquiere a esta empresa unos 64 calibres diferentes, de los cuales, 24 son complicaciones. Por la alta calidad de sus relojes –un punto en el que no acepta ningún tipo de concesiones– se convierte en proveedor de la corte de los zares, de casas reales y del ejército. Al cabo de unos pocos años, vende sus relojes en Japón, China, Persia y expande sus ventas a París y Nueva York. En 1863, dotó a los talleres de equipos mecánicos completamente nuevos para facilitar la fabricación de las cajas.
En 1868 apoyó a F. A. Jones en la fundación de la International Watch Company (IWC), poniendo a disposición del norteamericano un edificio para la producción, así como energía motriz a través de un sistema de transmisión a precio económico. Durante muchos años y a través de los vaivenes de la historia, únicamente IWC pudo mantener viva la tradición relojera de Schaffhausen.
Su único hijo, Henri Moser (1844-1923), mostró poco interés en el negocio de la relojería. Como resultado, fueron por caminos separados en 1870. A la muerte de Heinrich Moser en 1874, su segunda esposa, Fanny, heredó todos sus intereses comerciales y la fábrica de relojes en LeLocle. Sin embargo, ella tampoco tenía ningún deseo de aceptar la responsabilidad, y en 1877 vendió el negocio comercial a Johann Winterhalter y la fábrica de relojes en LeLocle a Paul Girard. En ambas operaciones incluyó cláusulas en los contratos para garantizar que las empresas sucesoras continuaría operando a perpetuidad bajo las marcas de H. Moser & Cie o Heinrich Moser & Co., de acuerdo con las instrucciones de su marido. Todas las empresas pasaron a otras manos del mismo modo. Su único hijo, Henri, no tuvo hijos varones, por lo que el nombre de Moser también murió con esta generación.
De acuerdo con el compromiso contractual, el nombre de la empresa y la marca se mantuvo sin cambios, tanto en el comercio mundial como en la fábrica de relojes de LeLocle. Esta situación se mantuvo hasta alrededor de 1917, cuando la Revolución de Octubre en Rusia acaba casi completamente con el mercado ruso de la relojería, que estaba dominado por la empresa suiza. Los últimos directores suizos de la sociedad de Moser regresan a Suiza a comienzos de 1918 tras habérseles expropiado todos sus bienes. La fábrica de Le Locle no se ve afectada por estas revueltas políticas y continúa funcionando como hasta ese momento. Se intenta compensar la pérdida de los mercados rusos impulsando las exportaciones a otros países.
Alrededor de 1920, nació en Moscú la empresa estatal el “Taller Central de Reparación del Reloj”, a partir de los restos empresariales de Moser. Entre 1927 y 1930 se inició la fabricación de su propio modelo. Los relojes Moser continuaron siendo considerados como un sinónimo de la más alta calidad durante un tiempo considerable largo.
Al cabo de muchos años, en 1966, la URSS presentó a uno de sus altos oficiales militares con un reloj de bolsillo original de Moser, fabricado en oro de 18 quilates, que data del período anterior a la expropiación, con una dedicación especial grabada. Este reloj es ahora propiedad de Moser Schaffhausen AG.
Incluso después de la toma de posesión por la familia Girard, la instalación en LeLocle seguía apoyándose en varios pilares, relojes de bolsillo y relojes de pulsera, y trabajando en estrecha colaboración con los mejores proveedores. La información de 1953 apunta a un aumento en la producción de relojes de pulsera, al mismo tiempo que disminuye la de los relojes de bolsillo. En 1979, la fábrica de relojes en LeLocle pasó a formar parte del grupo “Dixi-Mechanique”, comercializándose como “Hy Moser & Cie”.
El año 2002 una valiente decisión empresarial permite que la «vieja» fábrica de relojes H. Moser & Cie volviera a nacer: el Dr. Jürgen Lange vuelve a registrar internacionalmente la marca original del fundador «H. Moser & Cie». Se funda la empresa Moser Schaffhausen AG junto con la rama familiar de los Moser. Hoy, el bisnieto de Heinrich Moser, Roger Nicholas Balsiger, es presidente honorario del Consejo de Administración.

Según la tradición familiar, Heinrich Moser había soñado durante toda su vida con establecer su empresa relojera en Schaffhausen. Ahora, más de 200 años después de su nacimiento, el relanzamiento de la marca H. Moser & Cie cierra el círculo de la historia de una empresa que se inició en San Petersburgo en 1826.

La ambición de H. Moser & Cie. es clara desde el comienzo (y cuenta con el apoyo de los accionistas que rodean al industrial Thomas Straumann). Se trata de establecer una verdadera Manufactura, integrada e independiente, que controle lo esencial de su producción, incluyendo el corazón que late en el interior del movimiento mecánico, la espiral. La Maison presenta otra innovación relojera importante: un escape intercambiable mediante una rápida manipulación.
Y sin embargo, el desafío estético de sobriedad absoluta es lo que más sorprende en el contexto excesivo de comienzos del milenio. Pensadlo un instante: había que ser audaz para lanzar en plena euforia un simple reloj redondo con tres agujas, animado por un movimiento mecánico, perfecto pero sobrio, desprovisto de detalles superfluos. Simplemente relojería soberbia, realizada con un gusto exquisito, con total libertad, realzada por una decoración refinada y caracterizada por una precisión cronométrica permanente. Relojería sobria y prestigiosa, realizada exclusivamente con materiales nobles, en venta a un precio «justo». La unión de la estética y la ética.
Siete años más tarde, H. Moser & Cie no se ha desviado en lo más mínimo de su rumbo y la estrategia fundamental de la Manufactura es plenamente reconocida, probablemente como consecuencia de los efectos de la crisis que ha echado abajo todos los símbolos de exceso.

Por lo que respecta a su colección, en el Salón de Baselworld del año 2006 presenta cuatro líneas de relojes: Perpetual 1, Monard, Monard Date y Mayu. Posteriormente, en el año 2007 lanza al mercado el Henry Double Hairspring, y el 2010 presenta el Moser Perpetual Moon. Todos ellos implementan calibres de carga manual.

Moser Perpetual 1

 

Su pieza más codiciada es el emblemático Perpetual 1, lanzado el año pasado en edición limitada de 100 piezas con el nombre Perpetual Golden Edition. En mi opinión es «simplemente» uno de los calendarios perpetuos más elegante, depurado y legible de la relojería. Fiel a la filosofía de la marca, este calendario perpetuo no exhibe su complejidad, sino que luce una lujosa sencillez y se limita a las indicaciones esenciales en la esfera de oro macizo «ahumada»: horas, minutos y segundero pequeño, así como la fecha grande a las 3 h, la indicación de los meses, discreta e inteligente, mediante una aguja pequeña central que señala los doce índices y el indicador de reserva de marcha de unos fantásticos siete días garantizados. La indicación, un tanto superflua bajo mi punto de vista, del día de la semana no aparece y la del año bisiesto se aprecia por el lado del movimiento, lo cual confiere mayor legibilidad al conjunto. Desde un punto de vista técnico, las funciones del calendario perpetuo se lanzan con una precisión de segundos (función Flash Calendar) y las correcciones son más sencillas gracias a un ajuste hacia adelante o hacia atrás, permanente y sin restricciones (al contrario de lo que sucede con los calendarios perpetuos tradicionales que no pueden ajustarse en todo momento). Este reloj es de una evidencia depurada.

 

Ahora, en Baselworld 2012 ha presentado el Moser Meridian, su primer calibre de carga automática, objeto del análisis que publicaremos próximamente. Esperemos que Moser no se desvíe de sus principios y siga con la línea de diseño y calidad demostrada hasta hoy.
Para acabar, os presentamos este vídeo, una introducción al mundo de H. Moser & Cie.

Watch-Test es una página web especializada en análisis y comparativas de relojes mecánicos de pulsera de alta gama y de lujo. Todos los artículos de Watch-Test son originales, independientes y exclusivos, escritos por editores referentes en el sector.

Sobre el Autor

Ingeniero geólogo, Master en Geología Marina y Master en Restauración Medioambiental, Co-fundador y editor en Watch-test. Opinión, pasión y rigor, son los pilares fundamentales que sustentan la redacción de mis artículos. La clave, disfrutar de una profesión que coincide con mi afición.

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