El cronógrafo (I) – su reescrito nacimiento

El cronógrafo es la complicación más popular de la relojería. Hoy os desvelamos su nacimiento a principios del siglo XIX. En un segundo artículo os descifraremos su salto a los relojes de pulsera cien años después.

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Hace unos días hablaba con un amigo sobre sus dudas a la hora de la compra de un reloj y sus preferencias por los cronógrafos. Seducido por el valor adicional que las firmas suelen otorgar al cronógrafo monopulsante, se decantaba por este sistema frente a los tradicionales dos pulsadores. Su elección era el Longines monopulsante. ¡Wow !, decía. Controlar todas las funciones con un solo pulsador es una complicación añadida a la que lleva implícita un cronógrafo, ¿o no?.

Longines Column-Wheel Single push-piece Chronograph

Longines Column-Wheel Single push-piece Chronograph

Pues no. Contrariamente a lo que mi amigo y muchos aficionados creen, el cronógrafo de dos pulsadores es más moderno, la evolución técnica del primigenio monopulsante. Esto me hizo pensar en escribir un artículo sobre los inicios de este mecanismo y su implementación en los relojes de pulsera, para así arrojar un poquito de luz sobre el tema. Vamos allá.

La historia del cronógrafo en sí es bastante interesante. Procedente de las palabras griegas chronos (tiempo) y graphein (para escribir), es la complicación más popular en la relojería actual, y su invención nos ha permitido cronometrar eventos para innumerables propósitos. Hasta hace poco se afirmaba universalmente que este mecanismo para medir intervalos de tiempo fue inventado por Nicolas Rieussec en 1821. Pero en 2013 se descubrió que el verdadero padre del cronógrafo fue Louis Moinet (para disgusto de Montblanc), en 1816. Aunque estoy bastante seguro de que esto sucede de manera regular en los libros de texto históricos generales, no recuerdo un momento en la industria relojera en el que se haya corregido un hecho tan importante. Pero vayamos primero con el hasta hace poco considerado creador del primer cronógrafo: Nicolas-Mathieu Rieussec.

Retrato de Nicolas Mathieu Rieussec

Retrato de Nicolas Mathieu Rieussec

A principios del siglo XIX, el relojero francés Rieussec patentó un sistema de medición de tiempos cortos equipado con un escape de cilindro, que ya tenía una precisión de un quinto de segundo. Para ello depositaba a demanda una gota de tinta mediante una aguja sobre un dial giratorio para marcar el inicio y el final de un tiempo transcurrido. Su cronógrafo se utilizó por primera vez en el Campo de Marte de París para cronometrar carreras de caballos. En la patente registrada el 9 de marzo de 1822, la máquina de 112 x 85 x 58 mm encerrada en una caja de caoba fue referida como un «reloj llamado cronógrafo de segundos «.

Cronógrafo inventado por Nicolas Rieussec, 1821

Cronógrafo inventado por Nicolas Rieussec, 1821

El 14 de mayo de 2012 tuvo lugar en Christie’s una subasta realizada en el Four Seasons Hotel des Bergues de Ginebra, recaudando un total de 32,7 millones de dólares. Medio escondido entre las dos principales piezas, dos Breguet por los que se pagaron 4,7 y 2,8 millones de dólares (récord por relojes de la firma), el Moinet compteur de tierces pasó casi desapercibido, especialmente porque el límite superior de la estimación de Christie’s era de solo 5.000 francos suizos. El ahora CEO y director creativo de Louis Moinet, Jean-Marie Schaller, ofertó vigorosamente por él y finalmente lo ganó por 62.500 francos suizos. Los punzones identificados en el fondo de la caja permiten afirmar que comenzó a realizarse en 1815 y que se terminó en 1816.

El cronógrafo Moinet, que se parece mucho más al cronógrafo moderno que a la invención de Rieussec, fue inventado para su uso en astronomía en lugar de cronometrar eventos, un mecanismo destinado a observar con precisión por telescopio los desplazamientos de los astros. Para ello, en lugar de los intervalos de un segundo como el cronógrafo de Rieussec, el «contador de terceros» de Moinet era capaz de medir 1/60º de un segundo mediante una aguja central. Además, indicaba los segundos y los minutos en dos esferas separadas, y las horas en una esfera de 24 horas. Como vemos, estas indicaciones no estaba combinadas con la función básica de todo reloj: dar las horas y minutos.

LOUIS MOINET Chronograph

Irónicamente, el dispositivo tenía un pulsador de función de reinicio primitivo además del pulsador de inicio y parada, y certifican que este objeto es efectivamente un cronógrafo, conforme al significado actual admitido en la profesión, aunque este término no aparezca hasta unos años más tarde para denominar este tipo de instrumentos. El cronógrafo también está dotado de una puesta a cero, una función totalmente innovadora y revolucionaria para la época. Hasta ahora, se pensaba que esta invención databa de 1862, según la patente de Adolphe Nicole (¡vaya!, segundo golpe a la historia).

LOUIS MOINET Chronograph_3

El mecanismo del cronógrafo oscila a 216.000 vibraciones por hora (30 Hz), una frecuencia claramente desconocida en esa época. Para entenderlo mejor, la frecuencia habitual de un reloj moderno es de 28.800 vibraciones por hora (4 Hz). Por tanto, Louis Moinet es un pionero de la alta frecuencia. De hecho, habrá que esperar exactamente un siglo para ver oscilar a otro reloj a más de 216.000 vibraciones por hora.

Durante muchos años, el mecanismo del cronógrafo en los relojes de bolsillo (y más tarde, en los relojes de pulsera) utilizaban un único pulsador para realizar tres tareas de inicio, parada y restablecer a 0. Eso significaba que un usuario no podía pausar una medición: si paraban el cronometraje, necesitaban resetearlo de nuevo antes de reanudarlo. Como vemos, los cronógrafos monopulsantes tienen una funcionalidad limitada, y fue precisamente este handicap el que lo hizo evolucionar hacia el sistema de dos pulsadores.

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, el autor

Ingeniero geólogo, Master en Geología Marina y Master en Restauración Medioambiental, Co-fundador y editor en Watch-test. Opinión, pasión y rigor, son los pilares fundamentales que sustentan la redacción de mis artículos. La clave, disfrutar de una profesión que coincide con mi afición.

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