En pocos días Rafael Nadal ha acaparado titulares en los medios de comunicación por dos motivos bien distintos. El primero y más importante, por ser el primer tenista en ganar 7 veces Roland Garros, el torneo de tierra batida más prestigiosos del mundo, superando así los 6 títulos del legendario Djörn Borg, un récord que parecía imbatible.

La segunda noticia, muy distinta pero en cierto modo relacionada con la anterior, es la desaparición de su reloj, un Richard Mille RM027, en el hotel parisino en el que se alojaba durante el torneo. Al parecer se trató de un robo y sorprendentemente, en menos de 24 horas, la policía francesa descubrió al ladrón, que confeso haberlo escondido entre la hierba de una estación de tren.

Este segundo hecho se me antoja un tanto surrealista por distintos motivos. El ladrón, al parecer un empleado del hotel, no ha demostrado tener muchas “luces”, ya que vender dicho reloj por un precio razonable es prácticamente imposible. Primero porque los posibles compradores de una pieza de este tipo son personas de un muy alto nivel económico y social, que evidentemente jamás adquirirán una pieza fuera del círculo de retail oficial de la marca, a no ser que provenga de un coleccionista conocido y fiable. Segundo, porque aunque alguien estuviera tentado de hacerlo, el casi seguro reconocimiento de dicha pieza se lo desaconsejaría: solo 50 unidades, evidentemente numeradas y fácilmente identificables. También resulta estrambótico el sitio elegido para esconderlo, un tanto inexplicable.

Lo que es evidente, es que este incidente ha sido más productivo para Richard Mille que cualquier campaña publicitaria que haya realizado. Toda persona que conoce mi relación con la relojería me ha comentado el robo del “fabuloso reloj Richard Mille de 300.000 € de Nadal”, una marca que hasta entonces solo conocían los aficionados a la Alta Relojería.

Pero bien, esta curiosa noticia sirve una vez más de pretexto para iniciar un tema relojero realmente interesante, que evidentemente no se ha mencionado en ninguno de los artículos relacionados con el robo: ¿Que tiene de particular el hecho de que un tenista utilice un reloj de pulsera mientras juega?.

Una de las primeras cosas que aprenden los recién llegados a esta afición es que jamás deben utilizar un reloj mecánico mientras practican actividades que impliquen movimientos violentos. El motivo no tiene nada que ver con un posible daño externo del reloj, sino con factores puramente técnicos y físicos. Que un reloj mecánico, cuyo motor está formado por componentes minúsculos, funcione con precisión a pesar de ser sometido diariamente a un movimiento continuo y aleatorio, ya es de por si extraordinario. Pero si dichos movimientos sobrepasan cierto nivel de aceleración, tenemos todos los números de que su precisión se vea afectada, e incluso peor, que generen una avería.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Como ya conocéis por anteriores artículos sobre Richard Mille, esta joven, exitosa e innovadora marca se distingue por romper con conceptos establecidos y por la utilización de materiales hasta ahora ajenos a la relojería, solo empleados en el campo aeronáutico, aerospacial o en automovilismo de competición. En estas actividades, la relación peso/resistencia de los materiales es un factor crítico y por ello se utilizan compuestos con una masa específica extraordinariamente baja, pero que a su vez ofrecen una rigidez y/o dureza igual o superior a cualquier material convencional. Uno de los máximos exponentes de la utilización de compuestos ultra-avanzados por parte de Richard Mille es precisamente este RM027 de Rafael Nadal.

Para su caja de estructura monobloque, el RM027 utiliza un compuesto de carbono. La platina de su mecanismo está realizada en titanio y sus puentes recurren al LITAL, una aleación de litio, aluminio, cobre, magnesio y circonio, que da como resultado una muy baja densidad de 2.55. Además de la ligereza, esta aleación proporciona una gran resistencia a los choques, motivo por el cual es utilizada en la fabricación de satélites o en el mismo Airbus A380.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Toda esta tecnología aplicada a un reloj, da como primer resultado una ligereza hasta ahora impensable, de unos asombrosos 13 gramos (sin correa) en el caso del RM027 de Rafael Nadal. Evidentemente, el primer beneficio que esto comporta es la comodidad de uso, llegando al punto de que al cabo de pocos segundos de ceñirse este reloj, uno se olvida totalmente de que lo lleva. Trasladado a su utilización durante una actividad física tan intensa, como es un partido de tenis profesional, el beneficio es evidente.

Pero otro factor aun más importante, directamente derivado de su ligereza, es la radical disminución de la inercia que producen los movimientos. Como ya he comentado anteriormente, ello repercute de forma trascendental en la fiabilidad cronométrica del reloj y en la durabilidad de sus componentes.

Hasta ahora, ninguna marca había pensado, o no se había atrevido, a equipar a un tenista de élite con un reloj durante el desarrollo de su actividad. Richard Mille si lo ha hecho, lo que demuestra su confianza en los relojes que produce. Este es un hecho meritorio y sin duda elogiable, pero hay un par de factores que a mi parecer disminuyen notablemente la hazaña.

El primero es que aunque constatamos que Nadal utiliza su Richard Mille mientras juega, nada demuestra que al finalizar el partido siga funcionando, o que lo haga sin haber disminuido su precisión. Una idea que lanzo a Richard, es que midan la precisión cronométrica del RM027 antes y después del juego. Con ello desaparecería toda duda, aunque admito que logísticamente es bastante complicado realizarlo durante un torneo de tenis.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El segundo factor es que Nadal es zurdo y observaremos claramente que se ciñe el reloj a la muñeca derecha. Es decir, la tremenda aceleración del brazo al golpear la bola solo afecta al reloj en los golpes de revés, que Nadal ejecuta a dos manos. En la práctica, en los golpes de derecha, el RM027 se ve sometido a aceleraciones parecidas a las de un corredor de fondo, que aunque importantes, se hallan muy lejos de las que produce el brazo que sostiene la raqueta del tenista o el driver de un jugador de golf, otra actividad prohibida para un reloj mecánico. ¿Cuestión de comodidad?… con tan solo 13 gramos no debería serlo…

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Sobre el Autor

50 años de pasión heredada por la relojería. 10 años transmitiendo mi pasión por internet. Primero fue MundoPanerai, luego Cronomundi, ahora Watch-Test. Unos proyectos que nacieron bajo una idea muy clara que se mantiene en el tiempo: el lector busca opinión de calidad. Y con toda la subjetividad que conlleva, opinión y crítica razonada es lo que pienso seguir ofreciendo.

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