Reemprendemos hoy la serie sobre Rolex que empezamos hace unos días. En este capítulo, hablamos sobre la evolución en el diseño de los relojes de Rolex en busca de su hermeticidad, hasta llegar al invento de la caja Oyster y la política de marketing llevada a cabo.

En el momento en que se fundó Rolex, los relojes de bolsillo estaban por todas partes. En cambio, los relojes de pulsera eran usados sólo por mujeres. Los primeros relojes de pulsera no eran mas que relojes de bolsillo con unas asas soldadas a la caja, utilizadas para asegurar la correa.
Todos los relojes de bolsillo tenían la misma construcción de la caja, un diseño de cientos de años. El principal problema que presentaban era su hermeticidad en ambientes húmedos y tropicales: el polvo, la humedad y la transpiración, penetraban en la caja del reloj y oxidaba el movimiento.
Esta primera imagen corresponde a un Rolex de 1914. En esencia se trata de un reloj de bolsillo con una correa de cuero.

 

Si nos fijamos bien en la imagen de la izquierda, se puede observar que el reloj tiene una bisagra en el lado izquierdo de la caja. Si se da la vuelta al reloj, al abrirse la tapa trasera se expone el movimiento: no hay sello o junta para impedir que el polvo, el sudor, el agua o la humedad entren en la caja.

Esta imagen corresponde a otro reloj de pulsera Rolex, de 1915, esta vez con una caja que monta una tapa delantera. Si se mira de cerca se observa que no es más que un reloj de bolsillo con terminales soldados a la caja, junto con un trozo de cuero cosido.

La razón de implementar esta cubierta delantera era para proteger al cristal de una posible rotura cuando su poseedor estaba de cacería.

Es importante recordar que antes de la Primera Guerra Mundial, los relojes de pulsera para hombres no existían. Las damas llevaban relojes de correa alrededor de su muñeca, pero los hombres llevaban sus relojes de bolsillo asegurados con una cadena y guardados en el bolsillo del traje. Al examinar estos relojes de pulsera de primera generación, con la correa tan delgada, se puede entender por qué se etiquetaban como de uso casi exclusivamente femenino.

Cuando los hombres fueron a luchar en la Primera Guerra Mundial, el reloj era una herramienta de sincronización de un valor incalculable. El problema se encontraba en los soldados atrincherados, que debían vivir y luchar en una zanja. Con el reloj de bolsillo en su chaleco, tenía que quitarse los guantes, desabrocharse la gabardina, desabrocharse el abrigo y alcanzar el bolsillo, mientras mantiene su rifle en la otra mano. Este proceso es laborioso y consume mucho tiempo. Estos problemas se solucionaban con los relojes de pulsera. Vistas sus ventajas de uso y comodidad, se comenzaron a popularizar entre la población masculina a raíz de esta guerra.

Aquí tenemos una rara foto de un soldado británico que llevaba un reloj de pulsera en 1917, durante la Primera Guerra Mundial
El Rolex de la foto inferior es del 1924. Este nuevo diseño protegía todo el mecanismo, incluida la corona, que queda escondida en el interior. La tapa se roscaba a la caja, formando una barrera bastante impermeable si lo comparamos con los modelos existentes en esta época. La parte negativa la encontramos en que debemos desenroscar la tapa cada vez que queremos dar cuerda al reloj o ponerlo en hora.

 

El bisel de la tapa tiene un borde estriado para que sea fácil de agarrar. Esta ventaja es el origen de los biseles estriados en los modernos relojes de Rolex, como el Day-Date, Datejust e incluso en los modelos deportivos de Rolex profesionales como el Submariner y el GMT Master.
Las asas están soldadas a la caja, por lo que la única manera de sustituir la correa de cuero era cortar la vieja y coser la nueva.
Para mantener el alto grado de precisión que Rolex pretendía conseguir en sus piezas, sabían que era imprescindible la protección de los movimientos contra la penetración de polvo, humedad e impurezas, peligros a los que están particularmente expuestos los relojes de pulsera. Este problema aparentemente insoluble hasta el momento, fue resuelto. Después de años de investigación incansable, Wilsdorf inventó y patentó la caja estanca en 1926. La bautizó con el nombre de Oyster, ya que, al igual que una ostra, puede permanecer un tiempo ilimitado bajo el agua sin que penetre agua en su interior.

 

La caja Oyster no era el primer modelo que hacía gala de una hermeticidad probada. Por ejemplo, el sistema  usado por el estadounidense Depollier en 1919 ya solucionaba, aunque limitadamente, el problema de la estanqueidad. Perret y Perregaux patentan en Suiza en 1925 un sistema de corona, invento que es comprado y utilizado por Rolex junto con otro de Weiss, para dar forma a la corona finalmente utilizada y combinada con la caja Oyster.
Si una sola innovación en la larga historia de Rolex -y ha habido muchas en los últimos cien años- se puede decir que realmente ha puesto a la marca en el mapa, ha sido  la Oyster. La aparición de esta caja es uno de los acontecimientos más revolucionarios y profundos en la historia de la relojería. La solicitud de patente fue presentada por Hans Wilsdorf en nombre de Rolex en 1926.
En esta ilustración se observa perfectamente cómo ha sido diseñada, construida y montada la caja Rolex Oyster original, con la corona elaborada a partir de una pieza sólida de metal, al igual que todas las cajas de los relojes Rolex Oyster en la actualidad.

 

En la siguiente foto observamos el primer Rolex Oyster de 1926, fabricado en de oro amarillo. Fue, en algunos aspectos, el primer reloj de buceo profesional en la historia. Más que nada se trataba de un reloj que se podía usar para bañarse sin estropearse.

 

La gran visión de Wilsdorf fue dar una gran importancia al marketing y la comunicación a la hora de comercializar este tipo de producto. A Hans se le ocurrió la idea de asociar la fantasía de las sirenas con el Rolex Oyster y su capacidad de resistencia al agua, tal como se ve a continuación en el anuncio de Rolex en Francia el año 1926 Francia.

 

Al mismo tiempo, como se ve en la ilustración siguiente, Hans Wilsdorf tuvo una idea brillante, autorizado a los distribuidores Rolex a mostrar los Oyster en peceras con peces nadando alrededor del reloj. Esto, por supuesto generó mucha expectación entre los transeúntes.

 

En 1927, Hans Wilsdorf leyó sobre una nadadora que afirmó haber atravesado a nado el Canal de la Mancha. Lo había intentado con anterioridad siete veces sin éxito, hasta que lo consiguió en su octavo intento, con un tiempo de 15 horas y 15 minutos. El 7 de octubre 1927, Mercedes Gleitze que había estado trabajando como secretaria bilingüe en Westminster, se convirtió en la primera mujer inglesa que atravesó a nado el canal que separa Francia de Inglaterra, así como el duodécimo nadador en lograr la hazaña. Mercedes fue la tercera mujer en cruzar el canal, siguiendo el camino abierto por dos estadounidenses, pero el hecho de ser inglesa era un acicate enorme. Había entrenado para ser una nadadora de larga distancia en el río Támesis. En 1923 establecía el récord femenino en la prueba de natación popular del Támesis, con 10 horas y 45 minutos. Y por si alguien lo desconoce, fue la primera persona en atravesar a nado el estrecho de Gibraltar el 5 de abril de 1928.
A las 2:55 de la mañana del 7 de octubre de 1927, Mercedes Glietze partió de Francia, envuelta en una espesa niebla. Sufrió muchas adversidades durante el recorrido, incluyendo el ser casi atropellada por varios buques, por no mencionar el agua fría que nunca superó los 15 grados. A las 6:10 de las tarde, Mercedes llegó a la costa entre South Foreland y St. Magret’s Bay. Cuando salió del agua, murmuró las palabras: “Gracias a Dios, estoy consciente!” y luego se desplomó en los brazos de recuperar la conciencia, fue entrevistada por el Times de Londres.
Cuatro días después de que Mercedes Gleitze, otra mujer británica llamada doctora Dorothy Cochran Logan, conocida con el nombre de Mona McLennan dentro del mundo de la natación, afirmó haber nadado el canal en un tiempo récord de 13 horas y 10 minutos. Al parecer, los británicos se mostraron escépticos sobre este nuevo hito. Finalmente admitió haber mentido. Escamados sobre estas hazañas, mucha gente expresó sus dudas sobre el logro de Mercedes Gleitze, acusándola de hacer lo mismo.
Muy molesta por las falsas acusaciones, anunció que probaría haber cruzado el canal repitiendo la travesía sólo 14 días después. Esto, por supuesto, causó un gran revuelo de medios.
Hans Wilsdorf se enteró de esta noticia y se reunió con Mercedes, ofreciéndole patrocinarla llevando un reloj Rolex Oyster durante su acto de reivindicación.

 

Según un artículo del Times de Londres del 21 de octubre de 1927, Mercedes Gleitze llevaba el Rolex Oyster en su cuello. En la foto vemos a Mercedes entrar en el agua helada, bajo la atenta mirada de una gran multitud de espectadores. Si se mira con atención, se puede ver el reloj que cuelga de un collar en su cuello. Fue tomada en  Francia en el momento de su salida hacia la costa inglesa. Después de 10 horas y de haber recorrido 4/5 partes del recorrido total, abandonó el reto, por problemas físicos causados por la baja temperatura del agua. Según el Times, la temperatura del agua oscilaba entre 12 y 14 grados

 

El acontecimiento causó sensación, ya que este reloj resistente al agua era todavía desconocido para el público en general. El 27 de noviembre de 1927, Hans Wilsdorf reserva la primera página del Daily Mail, con un costo de 1.600 libras esterlinas, para un anuncio proclamando el éxito del primer reloj hermético. Éste fue el primer paso en el ascenso triunfal a la fama del Rolex Oyster y el inicio del exitoso modelo de publicidad y comunicación que ha llevado a la marca al podio en cuanto a su reconocimiento global como marca de relojería de lujo.

 

Rolex aprovechó la celebridad de Mercedes, tal como se puede ver en este anuncio francés de Rolex en 1930. El mensaje que transmitía este anuncio era que si las mujeres modernas usaban un Rolex Oyster, podrían lograr cualquier cosa.

 

El mismo año, publicó este espectacular anuncio, con una mujer sumergiendo la mano y el Rolex Oyster en una pecera. Este hecho era impensable hacía tan solo unos pocos años.

 

Con los años, Rolex se ha unido a un sin número de eventos de interés a fin de promover y dar a conocer sus relojes. Sin embargo, la hazaña de Mercedes Gleitze, la primera embajadora de Rolex, puede haber sido la más exitosa. Ciertamente, ayudó a establecer Rolex y el reloj Oyster, como un nombre ampliamente reconocido.
Hans Wilsdorf fue el pionero de la adaptación del marketing moderno a la relojería. Evidentemente, los frutos de dicha política en cuanto al reconocimiento mundial de la marca Rolex han sido espectaculares.


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Sobre el Autor

Ingeniero geólogo, Master en Geología Marina y Master en Restauración Medioambiental, Co-fundador y editor en Watch-test. Opinión, pasión y rigor, son los pilares fundamentales que sustentan la redacción de mis artículos. La clave, disfrutar de una profesión que coincide con mi afición.

2 comentarios

  1. Si algo hemos de reconocer a la marca es su “savoir faire” en mercadotecnia. Como hemos visto, es una característica impresa en su ADN, y que ha sabido mantener y potenciar hasta convertirse en lo que es hoy, un sinónimo del lujo a nivel generalista. Cuando éramos chavales, ¿no soñábamos con tener un Rolex y conducir un Ferrari? .

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