Indudablemente este es uno de aquellos casos en los que uno se percata de que, por mucho que leas y te documentes sobre el mundo de la Alta Relojería, siempre quedan cosas por aprender e infinidad de detalles por descubrir. No os voy a mentir, y aún a riesgo de quedar en evidencia ante alguno de nuestros lectores, os confesaré que desconocía en absoluto la marca sobre la que me dispongo a hablaros. De hecho, mi habitual curiosidad en estos temas y el interés inevitable que me lleva a leer todo aquello que cae en mis manos, son los dos factores que evitaron que la nota de prensa recibida fuera a parar directamente a la papelera.

Aunque el objeto de la mencionada nota de prensa estaba orientado a la presentación de un nuevo guardatiempos, puesto que es la primera vez que hablaremos en watch-test de Rudis Sylva (nombre que ciertamente me sorprendió y sobre el origen del cual os hablaré a continuación), empezaremos haciendo un poco de historia de esta joven marca.

Etimología.

Rudis Sylva es, sencillamente, el antiguo nombre del actual Les Bois, un pequeño pueblo situado al este de La Chaux-de-Fonds. En 1387, un hombre llamado Ruedin se estableció aquí y fue uno de los primeros en iniciar la tala de sus bosques. El término Rudis Sylva tiene su origen en el latín y significa “El Bosque de Ruedin” en recuerdo, precisamente, de este primer colonizador. Esta región fue conocida como “Franches Montagnes”, que podríamos traducir literalmente como “Montañas Libres”, dado que todas las personas que se establecían en ella estaban exentos del pago de impuestos.

Lo que viene a continuación forma parte de la historia de la relojería en general y de los ancestros de lo que posteriormente se conocería como “établissage”. Los inviernos de la zona eran largos y severos, lo que supuso la necesidad para los pequeños granjeros y leñadores de la zona, de buscar un segundo trabajo durante el tiempo que duraba esta estación. La mayoría de ellos se dedicaban a oficios basados en la herrería y la cerrajería. Pero alrededor de 1730, estos granjeros cruzaron el río Doubs que servía de frontera natural entre la zona de las Franches Montagnes y la región francesa de Franche-Comté, convirtiéndose de este modo en los primeros “subcontratistas” que suministraban sus productos a los relojeros asentados en La Chaux-de-Fonds.

En 1852, los Baumann fabricaban escapes de cilindro y los Huot añadían a estos los escapes de áncora. La expansión de la relojería en la población de Les Bois fue tal que, hacia 1902, 600 de sus 1.400 habitantes se dedicaban a este oficio fabricando la notable cifra de 30.000 movimientos al año.

En 1916, una docena de estas pequeñas empresas unieron sus esfuerzos para fundar la FAR (Fabricants d’Assortiments Réunis) que se dedicaba a la fabricación de varios componentes de relojes. Posiblemente el nombre de FAR no os diga mucho, pero sin duda sí que os sonará la empresa que, posteriormente, nacería de ella: Nivarox. Hoy parte del Grupo Swatch, produce más del 90% de los escapes de áncora suizos del mercado.

Otro de los nombres que han aparecido un par de párrafos más arriba, la família Baumann, daría origen a otra conocida marca: Baume & Mercier.

Jacky Epitaux.

Nacido en la región de las Franches Montagnes, después de trabajar cerca de once años en Dixi (empresa fabricante de máquinas herramienta), Epitaux tendría su primer contacto con la relojería al iniciar su actividad en Zenith que, por aquel entonces, era propiedad de Dixi. Allí trabajó con François Manfredini y Didier Leibundgut (actualmente propietario de Pequignet) en la reubicación de la marca alrededor de su famoso calibre El Primero. Fue precisamente durante este período que Epitaux descubriría su pasión por la relojería y por los oficios ligados a ella.

Cuando Zenith fue comprada por LVMH, se trasladó al holding de empresas R&R como vicepresidente de ventas y marketing. Después de varios movimientos entre las distintas empresas del grupo, Epitaux decidió crear su propia firma: Rudis Sylva. Ya asentado en la población de Les Bois y dada la histórica herencia del lugar como suministradores de componentes para la industria relojera, decidió ir un paso más allá y establecer su manufactura en esta localidad. Precisamente en la fachada de una granja de Les Bois propiedad de su tío se puede encontrar uno de los relojes de sol más bellos de Suiza y que data del año 1750. En la superficie de este reloj puede leerse la frase en latín que se convertiría el lema de Rudis Sylva: “Ultima forsan” (La última hora, quizás). Esta frase la encontramos grabada a mano en el fondo de las cajas de las creaciones de Rudis Sylva, así como una reproducción del mencionado reloj de sol esmaltado también a mano.

El oscilador armónico.

Obviando por el momento las habilidades y oficios relojeros desarrollados por Rudis Sylva, su principal estandarte es el presentado durante la edición de Baselworld 2009: el oscilador armónico.

El oscilador armónico es el órgano de regulación del reloj y está compuesto por dos volantes, cada uno de ellos con su correspondiente espiral. Al contrario de lo que sucede en los volantes de los órganos reguladores convencionales, los implementados en el oscilador armónico están construidos con ruedas dentadas que permiten el engranaje entre ambos en un único punto de contacto. Ambos volantes están conducidos por un único escape y una sola rueda de escape y están montados sobre una pletina que realiza un giro completo (360º) por minuto. Para aquellos que deseéis documentaros sobre el funcionamiento de un reloj mecánico convencional, podéis acceder a nuestra zona dedicada a la técnica.

El impulso desde el escape se proporciona al primero de los volantes, el cual en su movimiento de giro, transmite el impulso al segundo volante. Las espirales albergadas en cada uno de los dos volantes operan de manera asimétrica, es decir, cuando una está en proceso de tensión la otra lo está en el de distensión. Esta oposición simétrica permanente entre ambos volantes permite una corrección contínua sobre las alteraciones que sufre la precisión de marcha de un reloj mecánico debidas a la acción de la fuerza gravitatoria en las posiciones verticales. Precisamente es en este punto donde el oscilador armónico presenta su ventaja respecto de los tourbillones convencionales, que precisan de un giro entero de la jaula (generalmente un minuto) para realizar esta corrección. El resultado se traduce en amplitudes prácticamente constantes sea cual sea la posición espacial del guardatiempos.

Las tres creaciones de Rudis Sylva que hasta la fecha han visto la luz, incluida la nueva pieza de la que hablaremos más adelante, albergan el mismo calibre mecánico que lleva por nombre Harmonious Oscillator y que tiene, como principales características, una frecuencia de oscilación de 21.600 alternancias por hora (3 Hz), un diámetro de 39,55 mm y una altura de 7,78 mm. La reserva de marcha alcanza las 70 horas gracias al barrilete remontado manualmente con 49 giros de la corona para su carga máxima.

La idea original del oscilador armónico se debe a la imaginación de Romain Gillet, descendiente de una de las familias de aquellos relojeros-granjeros de los que hablábamos al principio de este artículo, que iniciaron su recorrido en la región francesa de Haut-Doubs para acabar afincados en las Franches Montagnes suizas. Sin embargo, fue el finlandés Mika Rassinen, actualmente trabajando de manera exclusiva para Rudis Sylva, quien convirtió la idea en realidad.

RS12 Grand Art Horloger.

Y por fin llegamos a lo que en un principio, y en condiciones normales, hubiera debido ser el objetivo principal de este artículo: el nuevo RS12.

Manufacturada en versiones de oro rojo u oro blanco de 18K, la caja del RS12 tiene un diámetro de 44 mm y una altura de 14,3 mm. Los acabados de la caja son cepillado vertical para la carrura y pulido en el bisel, con las asas soldadas y separadas una distancia de 23 mm. El fondo, en el mismo material que el resto de la caja, es ciego y atornillado, con el lema de la manufactura y el reloj de sol grabados a mano. Adicionalmente el reloj de sol está decorado utilizando técnicas de esmaltado, también manual.

El RS12 carece de un dial convencional. Una pequeña subesfera alojada en el hemisferio superior alberga las agujas de lo que comúnmente definiríamos como un sólo hora, cediendo todo el protagonismo del guardatiempos a su órgano de regulación y a los decorados de todos y cada uno de sus componentes, visibles a través del cristal de zafiro.

Y es que si Rudis Sylva destaca por su interpretación técnica del órgano de regulación de sus relojes, haciendo honor al histórico “savoir faire” de la zona en la que se asienta, rinde homenaje de una manera no menos notoria a los oficios relojeros tradicionales en sus decorados.

La totalidad de los ángulos de los componentes del movimiento están biselados a mano. A modo de ejemplo, citar el puente de la jaula del oscilador situado a las 6 que, fabricado en titanio, tiene más de 28 ángulos internos. La dureza del titanio es superior a la del acero, lo que implica que el tiempo necesario para los biselados manuales sea aproximadamente diez veces superior.

La técnica del “guilloché” también está presente en el RS12. En el pequeño subdial destinado a albergar la indicación de horas y minutos, así como en la pletina base del calibre se puede admirar el “guilloché” realizado a mano por George Brodbeck en su taller de Saignelégier. En ambos casos la decoración consiste en líneas de pirámides dispuestas radialmente y que disminuyen su tamaño desde el perímetro de la pletina hasta el centro de esta. Cada uno de estos radios contiene un total de 60 pirámides.

El grabado y el esmaltado hacen su aparición en el fondo de la caja. El lema de la manufactura y el emblemático reloj de sol del que os he hablado antes están grabados a mano por Sylvain Bettex y Bertrand Degiorgi, siendo preciso para ello el uso del microscopio. Las piedras de silicio, trituradas a mano y mezcladas con agua, son la base del material aplicado sobre las superficies grabadas para, posteriormente, introducirse en un horno especial a 840ºC. El esmaltado resultante se pule a continuación hasta conseguir el acabado perfecto. Todo este trabajo es llevado a cabo por Sophie Cattin en su taller escondido en una finca de la pequeña aldea de Les Barrières, aprovechando siempre la luz natural del lugar para evitar la distorsión de los colores.

Como era de esperar, semejante despliegue de micromecánica combinado con la manifestación tradicional de los oficios relojeros más antiguos, no podía desembocar en un precio considerable como asequible para la mayoría de los mortales. El precio de venta recomendado del RS12 es de 250.000 francos suizos.

En resumen y volviendo al inicio de este artículo, debo agradecer que mi curiosidad me llevara, en primer lugar, a leer la nota de prensa recibida y, después, a indagar sobre esta joven marca que basa sus principios sobre la tradición más arraigada de la relojería suiza. En mi opinión un agradable descubrimiento sobre el que seguramente continuaré documentándome para poder ampliar la información ofrecida.

Os dejo a continuación con un vídeo editado por Rudis Sylva en el que podréis ser testigos directos de una pequeña parte de lo que os he contado.


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Sobre el Autor

Ingeniero Técnico Industrial, de formación electrónica con pasión por la micro-mecánica. Co-fundador y editor de Watch-Test. En mi trabajo y en la vida tengo una máxima: Las cosas hay que explicarlas de manera que se entiendan. De lo contrario, el esfuerzo es en vano.

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