Cuando decidimos adquirir un reloj mecánico de cierto nivel existen una serie de condicionantes y criterios a aplicar en nuestra elección, los cuales se definen a la perfección en los dos artículos que Enric publicó anteriormente.

Independientemente de la obvia y primera condición de que nos agrade su diseño y de que el guardatiempos se adapte a nuestras necesidades de uso cotidiano, podemos hablar de las calidades de sus acabados, del tipo de material, de las funcionalidades o complicaciones que implementa su calibre y de un largo etcétera.

Entre todas estas cualidades hay una, que en ocasiones, pasa desapercibida o no se le otorga la importancia que en realidad tiene: la precisión de marcha en la medición del tiempo. Aunque parezca absurdo e incluso osado hacer esta afirmación os aseguro que es cierta. ¿Cuántos de vosotros sabría decirme cuántos segundos avanza o atrasa su reloj diariamente? o ¿cómo varía su desviación en función de la posición en la que lo dejemos durante la noche?.

Quizás la base de dicho comportamiento radica en la confianza que por defecto depositamos en el producto que adquirimos dada su reputación. También es cierto que los relojes que se califican como cronómetros incorporan el certificado del organismo oficial que los realiza (como por ejemplo el certificado COSC) que nos acredita su precisión así como una pequeña tabla que contiene los resultados obtenidos en los ensayos a los que han sido sometidos. En otros casos ciertas manufacturas, aunque el reloj no esté reconocido como cronómetro, incorporan en su documentación los resultados cronométricos realizados internamente. Un tercer caso sería aquél que se limita a creer ciegamente ciertos parámetros de precisión que la manufactura aplica a sus relojes.

Obviamente, la peor de las situaciones es aquella en la que no se dispone de ningún certificado ni prueba de ensayo cronométrico. En estos casos, la benevolencia de la precisión de nuestro preciado instrumento se basa en la fe ciega que podamos depositar en la marca.

Sea cual sea el caso de cada uno de vosotros, y partiendo de la base de que los datos proporcionados por las marcas, en caso de que existan, son totalmente fiables, ¿quién nos puede asegurar que nuestro reloj, por el motivo que sea, está funcionando correctamente?

En este artículo y en el siguiente os comentaré de qué manera realizo mis particulares ensayos de cronometría para comprobar la precisión de mis relojes y el comportamiento de los mismos. En esta primera parte hablaré de los procedimientos utilizados y, en el próximo, facilitaré la información correspondiente a un ensayo de cronometría realizado sobre un Panerai 268 que incorpora un calibre manufactura P.2002 de carga manual y 8 días de reserva de marcha.

En primer lugar es importante tener en cuenta que es aconsejable realizar, como mínimo, dos ensayos anuales ya que uno de los factores que influyen en el comportamiento de nuestro reloj es la temperatura. Así pues, parece apropiado realizar un ensayo en verano y otro en invierno. En la mayoría de los casos apreciareis desviaciones distintas para condiciones similares.

Hablando de los factores que influyen en la marcha de un reloj mecánico creo interesante enumerar los que más inciden y que son todos ellos de origen natural.

  • Los cambios de temperatura. El conjunto volante-espiral ve afectado su funcionamiento con las variaciones de temperatura. Los efectos son de avance a bajas temperaturas y de retraso con el calor.
  • Los aceites de lubricación. Cuando estos envejecen se endurecen y pierden efectividad aumentando las pérdidas por fricción del escape con lo que disminuye la amplitud de las oscilaciones. Normalmente se asocia el envejecimiento de un reloj con el hecho de que éste atrase, nada más lejos de la realidad puesto que lo que sucede es justamente lo contrario.
  • La localización geográfica en la que se use el reloj. Esta ubicación geográfica viene dada por la combinación de la latitud y la altitud, y las alteraciones en la marcha del reloj son debidas a la fuerza de la gravedad. Provocan un retraso en posiciones lejanas al centro de la tierra y un avance en posiciones cercanas a él.
  • Los movimientos del brazo y, sobretodo, de la muñeca que provocan bruscas aceleraciones y ralentizaciones del volante (en el caso de los relojes de remonte automático).

Uno de los primeros puntos a considerar antes de iniciar nuestro ensayo es quizás el tipo de remonte de nuestro reloj: manual o automático.

Empecemos con los de remonte manual apartado en el cual suelo distinguir dos casos distintos.

El primer caso es el dedicado a los relojes de remonte manual con una reserva de marcha media de 48 a 72 horas (2 – 3 días). Puesto que considero que esta reserva de marcha es relativamente reducida doy por supuesto que el par de fuerza suministrado por el barrilete es aproximadamente constante y le doy cuerda al reloj cada noche antes de quitármelo de la muñeca. Habitualmente para esta cronometría dedico un tiempo de 8 ó de 16 días con el siguiente procedimiento.

De este modo hago un seguimiento del reloj durante ocho días de marcha diaria mediante la medición realizada diariamente por la noche así como el seguimiento del comportamiento en las cuatro posiciones de descanso más habituales (dial arriba – dial abajo – corona arriba – corona abajo) dedicando dos días a cada posición. En el caso de realizar el ensayo a 16 días dedico cuatro días en lugar de dos a cada una de las posiciones de reposo. De los resultados y la manera de interpretarlos hablaremos en la segunda parte.

El segundo caso aplicado a los relojes de remonte manual es el que corresponde a reservas de marcha superiores a las anteriores. En el caso del ejemplo que presentaré en la segunda parte se trata de una reserva manual de 8 días. En estos casos, puesto que la reserva de marcha es de un valor considerable entiendo que es más complicado mantener un par de fuerza constante del barrilete durante toda su descarga y es por ello que únicamente remonto el reloj el primer día del ensayo y dejo que llegue casi a su mínimo. Adicionalmente y puesto que es habitual que los relojes de carga manual con reservas de marcha elevadas incorporen un indicador de la energía restante, realizo también un seguimiento de su funcionamiento. Obviamente en los relojes del caso anterior con reservas de marcha inferiores y que incorporen el indicador de reserva de marcha, éste también puede ser objeto de estudio.

En estas cronometrías suelo dedicar a cada posición de reposo un tiempo igual al de la reserva de marcha. Es decir, en el caso de los 8 días de reserva de marcha del ejemplo, dedico 8 días al ensayo en posición de reposo dial arriba (desde máxima carga a mínima carga) y así para cada una de las tres posiciones de descanso restantes. Obviamente los datos obtenidos son más fiables que en el caso anterior.

El procedimiento de toma de datos en este caso es el reflejado en la siguiente tabla.

Para los relojes de remonte automático el procedimiento de estudio aplicado es idéntico al de los relojes de carga manual con reservas de marcha de 24 a 72 horas pero, obviamente, sin remontar a diario el reloj.

En la segunda parte de este artículo os presentaré las tablas de resultados así como las conclusiones obtenidas en el ensayo del calibre manufactura P.2002 de carga manual de Panerai.

Sobre el Autor

Ingeniero Técnico Industrial, de formación electrónica con pasión por la micro-mecánica. Co-fundador y editor de Watch-Test. En mi trabajo y en la vida tengo una máxima: Las cosas hay que explicarlas de manera que se entiendan. De lo contrario, el esfuerzo es en vano.

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