Dentro de su colección Métiers d’Art, Vacheron Constantin nos presenta la tercera y última entrega de la serie La Symbolique des Laques. Esta serie, dedicada al lacado, se inició com una primera entrega en enero del 2010, a la que siguió la segunda en marzo del 2011. La Symbolique des Laques es fruto del encuentro entre los artistas de Zôhiko, una de las casas de lacado más antiguas de Japón, situada en Kioto desde que fue fundada en 1661 y Les Mètiers d’Art, el departamento artesano de Vacheron Constantin.
Esta serie, desarrollada durante tres años, ha seguido un camino paralelo a otras creaciones de los Métiers d’Art de Vacheron Constantin, como es la serie «Les Univers Infinis», presentada en el SIHH 2012 y de la cual ya os informamos en el correspondiente artículo. Dado que el punto fuerte de estas colecciones es el arte aplicado, en este caso el lacado, a la Alta Relojería, y mis conocimientos de él es muy escaso, lo mejor es continuar con el texto íntegro del comunicado de prensa oficial.
Solo puntualizar un detalle. Siempre he admirado estos descomunales trabajos de arte miniaturizado aplicado a un reloj, y la destreza de Vacheron Constantin para consensuarlos sin interferir en la función básica de él, que es proporcionarnos la lectura del tiempo. En este caso, lamentablemente, Vacheron ha omitido todo tipo de índice, con lo cual la lectura más o menos precisa de la hora no es posible. Me resulta extraño, ya que no creo que hubiera resultado intrusivo incluir unos pequeño índices alrededor de la apertura que nos permite ver el calibre del reloj.
Los artesanos de la casa Zôhiko, expertos reconocidos en el arte del «maki-e», perpetúan una tradición basada en la continuidad artística y en una creatividad que se renueva constantemente. «Maki-e» significa literalmente «dibujo espolvoreado». Esta técnica, la más sofisticada del arte del lacado, consiste en hacer un dibujo esparciendo delicadamente polvo de oro o de plata sobre la laca fresca, generalmente negra. La laca procede de la savia del Rhus verniciflua, un árbol originario de las tierras altas de Asia central y el Tíbet, que ya solo crece en el sur de China, Vietnam y Japón. El «maki-e», que surge en un período temprano de la historia de Japón, alcanza su punto álgido entre los siglos VIII y XII y se convierte en la principal técnica de decoración del siglo XVII, permaneciendo hasta la fecha.
La colección Métiers d’Art La Symbolique des Laques se ha producido en tres años, cada uno de los cuales ha visto nacer una nueva serie limitada de 20 estuches con tres relojes. La tercera y última serie de relojes de la colección rinde homenaje a la belleza natural de las estaciones, llamada «Setsugekka». se plasma en los relojes «Hanami Tsukimi Yukimi»: tres cambios de estación (primavera, otoño e invierno) y tres símbolos (flores de cerezo, la luna llena y copos de nieve) enraizados en el patrimonio y los rituales japoneses. Se tardó nada menos que siete meses en fabricar las dos esferas de cada modelo.
El mecanismo de estos Vacheron Constantin es el calibre esqueleto y extraplano 1003. Este movimiento legendario, fabricado en oro de 18 quilates, está bañado en rutenio, con el fin de armonizar con las esferas, en un homenaje a la consumada excelencia del arte del «maki-e». El calibre 1003, distinguido con el Punzón de Ginebra, con solo 1,64 mm de grosor, es el movimiento de carga manual más plano del mundo, y se ha diseñado, desarrollado y manufacturado íntegramente en los talleres de Vacheron Constantin.
Los cristales de zafiro a ambos lados de la caja del reloj permiten contemplar el trabajo artístico del calibre 1003, así como sus acabados realizados a mano de biselado, grabado y estirado. La sobriedad de la caja redonda que enmarca este movimiento, y las dos esferas lacadas al estilo «maki-e» evocan la cultura japonesa y reflejan el espíritu zen de la colección.
Reloj «Hanami»: La contemplación de las flores en primavera
Los cerezos en flor son un fenómeno estacional típico de Japón que simboliza la renovación. De marzo a principios de mayo, los cerezos se visten de rosa e inundan el país con una lluvia de pétalos, como tantos otros símbolos de pureza, integridad y longevidad. Dada la extensión del país, los árboles no florecen al mismo tiempo en todas las regiones.
La práctica del «Hanami» o contemplación de las flores, ha marcado y determinado la imaginación de los japoneses desde principios de los tiempos.
Las flores de los cerezos suelen asociarse a los sauces llorones, y sus respectivos tonos rosas y verdes irradian una atractiva armonía cromática.
La esfera del reloj «Hanami» se distingue por las flores en plena eclosión, mientras que las hojas del sauce acarician el fondo con un movimiento que ilumina la delicadeza de la decoración.
El típico puente japonés que une las dos orillas del riachuelo de un parque remata el paisaje y le confiere una tremenda serenidad.
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Reloj «Tsukimi»: La contemplación de la luna en otoño
La contemplación de la luna llena por la noche (o «TSUKIMI») rinde homenaje a la primera luna llena del otoño. Esta costumbre de origen chino se introdujo en Japón en el período Heian (794-1185). En aquella época, los nobles de la corte imperial japonesa se reunían para componer poemas y escuchar música a la luz de la luna.
La contemplación de la luna llena en septiembre se convirtió en una costumbre popular en el período Edo (1603-1868), y los campesinos la incorporaron a los rituales que marcaban el fin de la cosecha.
En la cultura japonesa, la luna llena semioculta tras las nubes se considera el colmo del refinamiento y la elegancia.
En el reloj «Tsukimi», las nubes suspendidas sobre la laca negra de la esfera conforman una suerte de trampantojo en una gradación de discretos tonos nebulosos que acompañan a la luna llena.
Los arces japoneses, vestidos de un rojo vivo otoñal, decoran el fondo del reloj junto a un portal «torii», típico de los santuarios sintoístas, donde éste separa la zona sagrada, del entorno maligno. Este detalle recuerda hasta qué punto se aferran los japoneses a sus tradiciones.
Reloj «Yukimi»: La contemplación de la nieve en invierno
La tradición llamada «YUKUMI» tiene lugar en invierno. En esta estación, los japoneses se deleitan con la contemplación de la nieve que cae suavemente. Los silenciosos y lentos copos de nieve, el aire gélido y la serenidad del momento se suelen disfrutar en compañía.
Los nipones utilizan unas estructuras cónicas de cuerda y bambú llamadas «YUKIZURI» para proteger los árboles de la nieve pesada y espesa, que podría quebrarlos.
El reloj «Yukumi» representa este ritual invernal. En la esfera delantera, unos delicados cristales de nieve se perfilan sobre la laca negra de la esfera.
En la trasera, la fascinante geometría de los «Yukizuri» aporta una discreta elegancia revelada por el polvo de oro del «maki-e».
En algunos jardines, se suelen encender los «Yukizori» por la noche, y sus destellos dorados transforman el paisaje en un paraíso invernal.
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